¿Vuelve el socialismo al redil ya desaparecido el redil? La recepción papal de SZ y la visita papal consiguiente, suena a "reconciliación histórica" entre el socialismo y la Iglesia, pero, como suele ocurrir, la vieja tragedia sanguinaria es ahora comedia oportunista. Asediado por la vergüenza y la propia infamia el Supremo Líder se acoge a sagrado, lo que es plausible una vez que desde hace tiempo la Iglesia decidió quitarse de en medio y "dejar hacer" en lo que a ética política en las alturas se refiere. Para esta oportunidad no es baladí que resuene la sentencia de apariencia evangélica adaptada cínicamente por ZP: "los socialistas damos mucho y pedimos poco." Por ir a la raíz, póngase en lugar de socialistas, cristianos.
La relación histórica entre el cristianismo hispano y el socialismo es de lo más retorcida. El ideario sentimental histórico socialista y anarquista, el que se expresa en las más bellas palabras, se resume en el sueño ancestral del cristianismo popular, en su raíz más pobrista sin duda. Enterrada esta cercanía mental, el socialismo, ideología salvífica historicista, disputó con saña la propiedad del mensaje esencial y emprendió por ello una "guerra de dioses contra la Iglesia". En un insólito combate interior el nuevo dios ateo de la historia se ha tratado de legitimar con los despojos de la Iglesia sin reconocerse en cordón umbilical mental que lo une a esta y sobre todo a la médula vital del catolicismo.
El trancazo que asola España desde al menos dos siglos es una porfía anticatólica emprendida por quienes siendo mentalmente paracatólicos odian la doctrina y la institución católica, en nombre de un sucedáneo pobrismo secular. Por mucho que ha evolucionado la sociedad y por mucho que la Iglesia busca su salvación colaborando con la liberación teológicosocialista del mundo, la inquina contra la Iglesia sigue siendo uno de los principales activos sentimentales de las masas socialistas paisanas, sino el más contumaz y profundo.
No es casual porque nace de sus entrañas, una vez que el peculiar liberalismo decimonónico hispano (dividido entre el liberalismo de los negocios acogido a las ubres del Estado y el liberalismo revolucionario preludio del anarquismo) y luego el socialismo, convencieron al pueblo, cada uno a su manera, de que el motivo de sus frustraciones y de su malestar era el desamparo en que los había dejado la Iglesia en su alianza con los ricos y poderosos. "Os habéis dejado la vida por la Iglesia y así os lo paga" vienen a decir.
Ante la profunda pocilga moral y delictiva en que revuelca el socialismo y el despiste de la Iglesia de como puede servir al mundo, no es fácil saber quien está mas necesitado, si el poder secular de santificarse con toda su impunidad o el poder sagrado de acreditar su vocación social. El momento es de lo más inoportuno ¿pero no invita la ilusión a ver una oportunidad?
Por mucho que la circunstancia tan comprometida como la actual fuera imprevisible es imposible disociar la visita papal de la misma. Las masas doctrinalmente creyentes, pueden estar entre perplejas y agradecidas, entre otras cosas por la atención de la que son objetos en comparación con el olímpico desprecio del que hizo gala el antecesor papal. Pero lo relevante es si la necesidad de santificarse del supremo banderizo y toda la banda del saqueo puede relajar el reflejo anticlerical ancestral de las masas socialistas y por otra parte desmovilizar la presión de los católicos tradicionales si acaban presas de la confusión.
El asunto rebasa la anécdota del momento a la vez que que remueve la psicología profunda. Dada esta tribulación moral que sufren en razón de tanta codicia y desprecio desatada y amparada en su paraíso beatífico, ¿pueden encontrar las masas socialistas en la bendición papal que esperan el confort que necesitan? ¿pueden ver reafirmada su "superioridad moral" de toda la vida ahora que debieran sufrir las penas del infierno de la historia, cómplices de sus líderes que les han prometido la victoria final? Sea cual sea el efecto pastoral, ni siquiera con milagro de por medio, poco hay que esperar, en lo que a renovar la "reconciliación nacional" se refiere, de quienes solo buscan con bendición o sin ella seguir con su apuesta por la cancelación de la arquitectura constitucional.