De forma extemporánea y gratuita el Robot maléfico monclovita ridiculizó, en su interpretación propia de asamblea de la Uni, el desalojo manu militari de Perejil. Sonó a mensaje cifrado a Rabat de acatamiento y de voluntad de seguir en la hoja de ruta, pero también como un guiño a su rebaño de que la "crisis humanitaria" sólo se puede resolver con una negociación global con Rabat,"entre iguales"
A estas alturas ya es indiferente si el asalto invasor cogió desprevenido a Sanchez, si estaba concertado, o incluso si se fue concertando sobre la marcha. Probablemente, a la vista de próximas exigencias definitivas, se quería comprobar si la fidelidad de Sanchez seguía imperturbable desde la entrega del Sahara. De quedar esta fidelidad confirmada con creces, como así fue, se abriría la puerta a la inmediata "cosoberanía", según el modelo de Gibraltar, a grosso modo.
La táctica sanchista de cronificar la ocupación y la desesperación de los ceutíes, podía parecerle viable para camelar a la opinión pública con una salida "humanitaria" que acogiera a ocupantes y nativos bajo la tutela compartida entre Rabat y la Moncloa. Por parte de Rabat, tiene en el horizonte, si hay dudas, el procedimiento expeditivo de una supermarcha azul ya definitiva. Todo depende pues de que el amigo marroquí calcule que "es el momento" y que los beneficios que reporta la U.E. no están en riesgo o lo estarían solo momentáneamente.
Pero de forma posiblemente insospechada para Rabat y seguramente más insospechada para el Robot monclovita, ya no estamos en el escenario de la Marcha Verde. La transmisión persistente del sufrimiento de los ceutíes y lo humillante de la ocupación exterior y la inacción gubernamental, el escándalo de las vacaciones del tirano, la insistencia en la mentira contra lo que está a la vista, tomando a los españoles por gilipollas según su costumbre..., ha despertado a la mayoría de la nación de un letargo que parecía eterno.
Los dos cimientos del poder sanchista son la borreguil instalación de su grey en la zona de confort de la impunidad ideológica y moral, zona de confort garantizada, más allá de la efectividad propagandística de la que hace gala, por su dominio ideológico y semántico del escenario público y el halo conquistado de "superioridad moral" "incorruptible". Por otra parte se complementa con la anestesia de la sociedad civil que, siendo mayoritaria, calla, a pesar de sufrir tanto tiempo de indignación y resignación, por no enredar y complicar las cosas.
Esos cimientos empiezan a tambalearse en coincidencia con la posibilidad de que se judicialize la traición del gobierno. Hecho este último que, llevando su marcha, ha de espantar al sancta santorum sanchista, conmoviendo su más querido tesoro, la fe socialista tan gregaria como activa e imperativa.
Ante este panorama lo lógico es que, si a las bases y los dirigentes del PSOE les queda algo de sentido de la realidad, no digo de dignidad y menos aún de patriotismo, reaccionen por instinto de supervivencia, por mucho que sea su aborregamiento, y pasen de aplaudir mecánicamente a pedir cuentas y soluciones. Pero ocurra esto o no, algo tan enigmático ya no es tan decisivo.
Pesa sobre todo que la inmensa mayoría de la nación no admitiría la entrega de Ceuta y Melilla, ni las demás ínfulas marroquíes. Sanchez entregó su destino al interés marroquí, pensando que estaba ante otra jugada trilera, como las que tiene por costumbre y lo han encumbrado a la "gloria de la historia". Pero resulta que es la gota que colma el vaso de una indignación que se iba calentando, no como la rana que se hierve sin enterarse, sino como una olla a presión. La crítica teatral de sus socios carece por supuesto de sinceridad y efectos prácticos, pero es significativa de que Sanchez ya es un problema, aunque no piensen poner solución.
Rabat tiene que decidir si "va a por todas" ahora que todavía tiene el juguete de Sanchez en sus manos, o si espera a que la excitación patriótica de España se calme, dando para ello un respiro a su juguete. Este juguete por su parte está en las peores condiciones para combinar la entrega de Ceuta y Melilla con unas elecciones plebiscitarias abolicionistas de la Constitución, la Monarquía y la unidad de España. No sólo las perdería con práctica seguridad sino que combinaría el encausamiento personal y de su corte con la no menos práctica desaparición del socialismo. Por eso es surrealista que el mismo aparato socialista consienta hacerse el Hara Kiri, sin más motivo que el capricho del sueño fetichista del que no quiere despertar. Pero nunca se ha visto que los móviles políticos colectivos sean exquisitamente racionales, y menos en España o en cierta parte de España.
Dado que es prácticamente imposible que Sanchez dimita sin más, Justicia habemus, y es dudoso que haya reflejos internos para una alternativa mínimamente creíble, quedan tres posibilidades: las elecciones generales "normales" en plazo y forma asumiendo el riesgo de perderlas con todas sus consecuencias, las elecciones plebiscitarias destituyentes ligadas a la negociación y el placet de Rabat, o por último el estado de alarma o excepción con la correspondiente "anomalía dictatorial". Lo único seguro es que Sanchez tendrá que decidir, sin controlar ningún escenario, pero con el agravante de que cualquier salida amenaza ser catastrófica para su interés. ¿O guarda algún otro conejo en su disco duro que no sea eso de que "resistir es ganar"?