¿Inoperancia? No, aparente inoperancia bien calculada. Todo indica que el Gobierno ha entrado en el juego de la entrega de Ceuta y Melilla. Solo cabe la duda sobre la claridad y determinación que tiene Sánchez, a la vista de los peligros a los que se pudiera exponer. En perspectiva la entrega del Sahara aparece como el primer paso de un proceso de"normalización" total con Marruecos, cuyo final solo puede ser uno. ¿Esperaba acaso Sánchez que de esa manera, al entregar el Sahara, Rabat olvidaría sus objetivos expansionistas? Es claro que no hubo acuerdo en firme, ni nada que se le parezca y que la partida siguió abierta, con la única novedad de la evidencia de la inmensa vulnerabilidad de España.
La carta pro USA de Marruecos ha sido de contundencia letal. El paripé woke "antiimperialista" de Sánchez no lo contrarresta, más bien lo afianza. ¿Conscientemente? ¿Es la disculpa con la que Sánchez, llegado el caso, se cubre de la entrega a Rabat? "Ya he cumplido de sobras, sugiere, denunciando al "imperialismo genocida"" ¿No es esto lo que cuenta, según justificarían los suyos?
De decidirse a entregar a Rabat parte del territorio nacional ¿se expone Sánchez a algún peligro? Veamos primero los motivos que pudiera tener Sánchez para dar por perdidas Ceuta y Melilla y entregarse sin complejos. Lo más obvio: Pegasus y el lobby promarroquí o marroquí sin más socialista, que además de poderoso y de marcar el grueso de la política exterior, excepto quizá los alardes propalestinos tercermundistas, carece de contrapeso alguno en el seno del socialismo, laminada la opción prosaharaui.
Pero esto por sí mismo no marca la dirección estratégica. Solo es operativo a largo plazo si se inscribe en un marco geopolítico que le de sentido. Parece que este marco está casi configurado, si no lo está ya. Seguramente el tándem Sánchez-Zapatero ha despejado las dudas, si las tuviera, del Pentágono sobre la credibilidad de España. Ahora La U.E. se encuentra con la certeza de que la frontera española, de haberla, es un coladero y una amenaza permanente en lo que a emigración y narcotráfico se refiere. En lo referente al control del Estrecho el flanco español es un cero a la izquierda.
Ante el vacío español es lógico que Europa se pregunte si garantizaría mejor Marruecos el freno de la emigración y el control del narcotráfico, a cambio de disfrutar de la soberanía sobre Ceuta y Melilla, aunque fuera camuflada como "cosoberanía. Ilusión desesperada pero aparentemente más controlable. No es baladí tampoco la carta francesa ¿No estaría interesada en jugar un papel en el control del Estrecho en connivencia con Marruecos?. Este escenario lleva a lo que está en juego. Mientras el paraguas USA frenaba las apetencias marroquís, mientras la superioridad militar española parecía notable, mientras Europa creía en el interés de España por conservar su integridad, no preocupa en España el terreno movedizo en que se asienta la preservación de Ceuta y Melilla y en suma de la soberanía nacional; todo lo más el recurrente incordio marroquí se quedaba en un accidente exótico, una parte del paisaje.
Actualmente cualquier gobierno, por inconsciente que sea, cuenta con que la defensa de Ceuta y Melilla, a corto, medio y largo plazo, con conflicto abierto o con presión constante, requiere un grado de sacrificio nacional de primera magnitud. Solo esta determinación, de ser efectiva, podría inducir a devolver la confianza de USA y de la U.E. habida cuenta del peligro que sufriría la estabilidad marroquí. Pero con la peculiar paradoja de que solo el apoyo de USA y de la U.E. podría hacer sostenible el sacrificio nacional en medios y valor que se requiere.
El problema es que la ciudadanía se ha educado en el desprecio a sacrificio alguno y en la huida de cualquier incomodidad, ilusionada además en que el statu quo político vital, que asegura bienestar y libertad, es inalterable. Pero sobre todo la política dominante es incompatible con sacrificio alguno por una causa de integridad nacional. A la izquierda, que goza del dominio político y mental, no sólo le parece ese problema inconcebible, una artimaña de la fachosfera, sino que es proclive a simpatizar con los presuntos "derechos territoriales" marroquíes. La derecha social es más enigmática, mientras sólo expresa indignación y estupefacción.
Es dudoso que la mentalidad de Sánchez no esté en sintonía con la del lobby socialista marroquí. Pero en cualquier caso, salvo milagro, Sánchez cuenta que una defensa aguerrida, que unas muestras disuasorias, le volverían la espalda de su base social, por mucho que incluso lo presentara como una defensa antimperialista USA/Israelí. Dada una situación tan harto improbable, el reflejo izquierdista actuaría automáticamente como en el caso de Perejil, Sánchez sería tachado de hacer el juego a la derecha.
Siendo así sólo podría temer que una reacción nacional lo llevara al sumidero. El "inoperante" tantea sin desmayo al pueblo español y a la U.E., como tantea Mohamed a Sánchez y a la U.E. ¿Sigue aturdida la U.E. o se ha puesto en marcha para que Rabat y Sánchez alcancen un "acuerdo definitivo de soberanía"? La tentación de Sánchez no solo se refiere a lo ventajoso de quitarse la incomodidad de defender una frontera que considera indefendible, al menos por el sacrificio que exige, sino de la oportunidad que, de salir le bien la jugada, ofrecería la pasividad nacional en la defensa de Ceuta y Melilla, para extender la "reconfiguración de España" hasta la soberanía compartida de lo que quede de España, en principio con Cataluña y País Vasco, ya declarados territorios soberanos eXpañoles.
¿Es previsible un desenlace fulminante? La decisión sobre la sede de la final del mundial está entre medias. De ser favorable a Rabat, como es de presumir, se aplazaría el desenlace. ¿Pero podría controlar Sánchez tamaña humillación? ¿Apostaría a pesar de ello a que con el Mundial en su mano Rabat dejaría de ir definitivamente a por todas? Este aplazamiento estratégico solo tendría sentido si USA y la UE disuaden a Rabat, pero, de tener estos claro que la "solución final" es inexcusable, estaríamos al albur de se decidieran a aprovechar el caos en el que nos ha metido Sánchez.