Radicalizando la tradicional política de apaciguamiento, la inacción de Sánchez contiene un mensaje subliminal para el "Amigo marroquí" y la Bella Durmiente que es la sociedad española, un mensaje en dos partes complementarias. Para el Amigo "cooperante", que comprende "sus excesos", que nada va a comprometer la decisión de mantener abierta la negociación para la "solución final". Para la Bella Durmiente que ninguna gota de sangre, molestia o perdida de prosperidad va a alterar su sueño. Vamos que nada oneroso va a costar algo tan "lejano", que da tantos quebraderos de cabeza y motivos de enemistad.
Desde este punto de vista la Invasión es una pieza del juego acostumbrado. La relación de Rabat con Sánchez se rige por un statu quo consentido y compartido. Un estado de chantaje permanente en el que el chantajeado está cómodo, siempre que las apetencias marroquíes no se precipiten en algún momento inoportuno ahíto de sacrificar su gallina de los huevos de oro. Eso metería a Sánchez y en general al establishment hispano,progre por más señas, en un lío imprevisible. Tnto que toda su política es evitar verse en tal brete.
En estas aparece la designación de la sede de la final del Mundial. ¿Es un aviso específico la Invasión o solo la necesidad de mantener el entrenamiento acostumbrado?
Conforme a la lógica del apaciguamiento y del "apaciguado", el "amigo marroquí" tendría que llevarse el gato al agua de la final del Mundial . Para el apaciguador esto disuadiría al amigo marroquí de montar el lío final por mucho tiempo, tiempo precioso que permitiría a Sánchez y al establishment preparar a la Bella Durmiente para un suave despertar, si toca ejecutar la solución final. Pero, mientras igual se eterniza el presente status de chantaje "colaborativo", sin más.
Esta expectativa es deseable para el apaciguador en abstracto, y también aparentemente viable. Al fin y al cabo el Covid, la amnistía, la DANA, el apagón, Ademuz, el desastre de los servicios públicos y sociales, la connivencia con los filoetarras y separatistas, el tejido de corrupción sistémica, el asalto a la independencia judicial, etc, han puesto a prueba, para felicidad suya, la fortaleza de su resiliencia.
Pero por muy encantado que siga en su nube y en sus redes no puede pasar desapercibido que la entrega de dicha final, cuando todavía se saborea el dulce sueño de ser campeones, sería una pesadilla aterradora, de la que la Bella Durmiente despertaría soliviantada, encontrándose a su lado no al príncipe azul sino a un monstruo horripilante que la tiene en venta.
El tema tiene su miga porque ¿cual es el mayor chantaje, de momento, en el que puede estar interesado Rabat? Que ahora reclame, a modo de farsa, la "devolución" de quienes ha encomendado es síntoma de que necesita lavar su cara para "su" final, como Hitler hizo cuando relajó las leyes y la persecución antisemita para su Olimpiada. Mientras que, de paso, enreda a Sanchez en su propia trampa como recuerdo de su sumisión.
Si, como parece, dicha final es para Mohammed cuestión de Estado y para Sanchez una mirada al abismo, de encresparse la porfía ¿quien tiene más que perder? El problema de Sánchez es que cualquier conato de rebelión pública, aunque fuese un pálido reflejo de lo que acostumbra el establishment progre cuando se solivianta, arrastraría de golpe la ristra de ajos nauseabundos que duermen en el desván de la Moncloa, tanto como en la memoria reciente de la ciudadanía. Bien que el grueso de la población está al cabo de ello y está indignada, aunque se haga la dormida.
Que Sánchez teme lo funesto de esta deriva lo prueba que, a la primera de cambio, haya lanzado a su Bulldog a ladrar a la monarquía. Sopesa el "Puto Amo", que, en el extremo de la desesperación, le queda la bala de plata de la República, fetiche balsámico que garantiza la fe de estas huestes en su superioridad moral, Totem reagrupador para aprestarlas en posición de combate.
Por parte del amigo marroquí es claro que la perdida de la final minaría su autoridad, lo que, para contrarrestarlo, requeriría medidas expeditivas. No se olvide, como suele hacerse, que su estrategia de chantaje y movilización permanente se justifica ante los suyos por el presunto derecho al Gran Marruecos. Llegado a un límite incontrolable el Símbolo, el Mito, se suelta hambriento y sólo cabe hacerle frente, con peligro real, o ponerse a su cabeza. Y este Mito no es una excepción. ¿Temblaría Europa ante la perspectiva de un Marruecos yihadista?¿Está dispuesto Rabat a emplear esa baza de dique disuasor del mal absoluto ante Europa en caso de que España se haga la remilgada?
Se decida como se decida la final del Mundial, queda por ver si puede sobrevivir el actual statu quo de chantaje colaborativo. Son muchos factores los que afectan a esa tesitura como para poder adivinar la estrategia disipativa que se abriría paso. Entre tanto, los que acunan con tiktoks y todo tipo de sonajeros y dormideras el sueño de la Bella Durmiente, hacen pasar oficialmente por olímpica normalidad la humillación y el peligro en que estamos metidos. Se cree tanto el apaciguador su propio engaño que, entre tiktok que va y viene, disipa sus temores haciendo risas de la Bella Durmiente, que para eso es el verano.