sábado, 21 de febrero de 2026

CUITAS EN LA SUPERFICIE

  

El único misterio que todo lo abarca es como es posible que un sistema de poder tan burdo, despótico y manifiestamente indecente como el Sanchismo sea consentido por el grueso de la ciudadanía, a pesar de ser conscientes de que perpetra, y ya ejecuta, acabar con la democracia, el Estado de derecho y la misma existencia nacional de España.


La única duda que se ha despejado en la actualidad es que el saqueo generalizado no es resultado de una suma de coincidencias fatales, ni siquiera de la flaqueza del sistema ante la ambición de unos pocos, sino un plan programado desde su origen como parte de la conquista y ejercicio del poder.

La diferencia genérica entre la izquierda social y la derecha social es que la primera actúa, la segunda contempla, por muy indignada que esté; la primera cree que la verdad es su verdad, y que la verdad está por encima del Derecho, la segunda cree que la verdad ya está en el Derecho y el Derecho en la verdad.

 

En su mente profunda la derecha española se guía por la idea de que el Bien siempre acaba triunfando por su propia naturaleza, la izquierda se guía por la idea de que el Bien acabará triunfando porque el Bien son ellos.

 

La izquierda se alió primero tácticamente al nacionalismo separatista, luego estratégicamente, luego compartió ideales, hasta que por fin se ha metamorfoseado con él. No hay razones para que no ocurra lo mismo con el islamismo radical.


Sanchez tiene el método original de hacer risas, burlas más bien, de sus intenciones como si de esta manera las hiciera pasar por increíbles. Ahora por ejemplo se chotea de que vaya a crear una dictadura bolivariana, como antes se choteaba de que fuera a dar la amnistía o a liberar a los etarras.

 

Queda para la politología algo tan novedoso como el hecho de que Sanchez ha transformado el totum revolutum de la izquierda en un inmenso magma amorfo que se despliega a golpe de consigna, desvergüenza y bravuconada volcánica.