lunes, 2 de marzo de 2026

IMPRESIONES EN LA POLIS

  

* El fin de la polarización no es el enfrentamiento social entre dos partes iguales, sino la sumisión de la sociedad al polarizador, lo cual sólo es posible cuando una parte de la sociedad llega a estar comprometida con el sometimiento de la otra parte y esta otra solo se molesta.


*Para que la polarización funcione y tenga éxito una parte de la sociedad ha de estar cómoda de esta manera y la otra desconcertada y perpleja.


*El tiempo presente tiene la novedad de las dictaduras parasitarias. Estas se superponen a la democracia vigente y la convierten en su pelota, mientras el pueblo se cree que todo no es más que un juego, con el que "los políticos" se divierten o hacen de las suyas.


*Por las apariencias nuestro tiempo presenta una novedad de trascendencia histórica: la simbiosis del resentimiento y la mala conciencia. Este fondo nihilista es la principal amenaza para la supervivencia de las sociedades abiertas.


*El comunismo se ha convertido en la musa preferida de la superstición política. Es tanta su voracidad que prácticamente ha acabado con cualquier otra musa.


*En el campo de la política no sólo falla la lógica sino que ésta induce al error por su extrema simplicidad. Así quien detecta un daño, disfunción o injusticia concreto cree automáticamente que, en la misma impresión o juicio por la que lo detecta, anida el remedio. De este se cree en su poder, sin necesidad de explicitar el remedio ni de justificar su validez y pertinencia.


*El comunista más comunista se tiene por un proletario sobrado de clase.


*La gran ventaja del político demoníaco es su habilidad para detectar la falta de imaginación de su adversario sobre lo que se atreve a hacer. Como parte esencial de su estrategia, lo ha convertido en enemigo sin que este se lo imagine siquiera. Comparten esta falta de imaginación no sólo el hombre común sino sus secuaces. Pero detecta con la misma habilidad el afán de complicidad de estos por mor de "la causa".


*Putin volvió a la guerra abierta y convencional, pero el mundo asiste desde decenas de años a una guerra larvada contra Occidente. Esta fórmula cuenta con la ventaja de que no está declarada, está diseminada y es imprevisible. Pero todo es posible porque su baluarte son Estados nacionales capaces de combinar una política exterior convencional con otra de hostigamiento y amenaza por medio del terror. Cuentan con que Occidente por una parte tiende a creer que es un fenómeno marginal y no un movimiento global de largo alcance; pero por otra que la bella conciencia occidental considera merecido el castigo a Occidente. Confluyen así quienes aspiran a librar al mundo del diablo y quienes aspiran a salvar a la humanidad de sí misma.