En un minicuento postrero , "La verdad sobre Sancho Panza", F. Kafka reveló la visión sobre Don Quijote que le acompañó en vida; indirectamente destapó, sin pretenderlo por supuesto, también lo mucho que esto nos concierne a los paisanos de estos ilustres mitos fundacionales de la Europa moderna. En esta visión Don Quijote era un sueño de Sancho Panza, el sueño de lo que quisiera ser,al que fue fiel de por vida. Iluminados por esta revelación es congruente que Sancho se atreviera a "quijotear", pero pragmáticamente, tomando el gobierno de una Insula. Ahora el soñador Sancho se sigue soñando Don Quijote, pero con una misión universal definitiva: la de sanchificar el mundo. En ese sueño Don Quijote se sale del sueño y se lanza al mundo, pero sonámbulo. Es un salto que ha hecho posible nuestro Dr. al modo Caligari, hipnotizador que, desde su Gabinete, es capaz de mover a Sancho como una marioneta haciéndole creer que es Don Quijote. El sonámbulo tiene la peculiaridad de que se apresta a devolver el mundo a su orden dando toda la caña que sea precisa al Sancho perezoso que se queda en la cama. De eso se trata a fin de cuentas, pero para ello hay que soñar sin fin.
Ha sido tanto el desquiciamiento que en España todos somos Sancho, pero de dos formas diferentes. El Sancho sonámbulo y salvador universal no admite esa doblez, quiere ser el único Sancho porque sólo así se puede sentir Quijote. El Sancho perezoso quiere que Don Quijote duerma en paz y en su gloria. Es la lucidez que convencionalmente se atribuye a la figura de Sancho, al que se tiene por dechado de realidad.
Según se dice, encuestas al canto, el "progresismo" está enteramente por el "No a la guerra", pero también una parte del "no progresismo" que es el resto de España. Quizás esta parte no sea muy abundante. En tales pagos debe ser lo común abstenerse de pensar mucho ante lo vidrioso, lo que a efectos prácticos cuando eso quema es consentir. Pero aun así es significativo y moralizante. Porque deben ser los únicos que creen sinceramente, bendita candidez, en el "No a la guerra".
La sinceridad de los noctámbulos abanderados es necesariamente la misma de la que hicieron gala al entregar el Dr. Saunas el Sahara a Marruecos. Automáticamente y por ensalmo mágico, el Santo Santorum de la causa progresista pasó al olvido y a la irrelevancia, como a quien hacemos la pelota en vida y de pronto se nos muere sin dejarnos nada. Esto se puede interpretar como una muestra de flacidez ideológica, sino fuera que la ideología se ha pulverizado tanto que sólo cuenta para soñar. Con ideología o sin ella sólo importa, a los que presumen de ideología sin par, no perder la perspectiva de cual es el enemigo de verdad, contra el que cualquier causa es buena si suena bien y una cesta vacía si se vuelve una molestia.
Mientras seguimos el lanzamiento del Sonámbulo al espacio, la pregunta por las consecuencias del alarde se diluye ante la belleza de la apuesta. Pero no menos se diluye ante el convencimiento sancho pancesco inquebrantable de que en Europa siempre estaremos bien guardados y que pase lo que pase dormiremos tranquilos. Tranquilamente la Mancha ha dejado paso a la colonización sancho pancesco interestelar. Es un lujo que sólo Sancho Panza se puede permitir, como si volvieran los días de fiesta.
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