El pasmo que provoca la insólita inacción de Sanchez ante la Invasión suele achacarse, en espera de que alguna vez se desvele Pegasus, a la incompetencia y la dejadez. Pero se pierde de vista fácilmente como cuadra esta crisis en la hoja de ruta sagrada de Sanchez y del bloque del poder, que empieza y se simboliza con el Muro.
De plantarse Sanchez ante la provocación de Rabat tendría que arrimarse de tal forma a la oposición extramuros y a activar al monarca que la estrategia del Muro tendría los días contados, entrando su persona y su entramado de poder en un incierto futuro. Esto es inadmisible para el dictador in pectore, bajo cualquier circunstancia. Si a eso se añade que un signo de resistencia, aunque fuera teatral, sería considerado inadmisible por Monsieur Mohammed, incluso un acto de rebeldía a la sumisión debida, en la que Sanchez y el socialismo han caído, tenemos el círculo cerrado teñido de incompetencia. Sólo faltaría el castigo implacable que sufriría el traidor, traidor en este caso por partido doble, a los españoles y a su amo de Rabat.
Todo indica que el arreón del "amigo marroquí" ha sorprendido a Sanchez en el centro neurálgico de su "ensoñación". Entregado el Sahara suponía que se enfriaría la patata caliente de "las posesiones atlánticas" hasta al menos la cesión de la final del mundial, mientras seguía pendiente entrar a arbitrar la "solución definitiva" que solo puede ser una. Por supuesto que, en ese indefinido ínterin, Rabat podría disfrutar de todas la concesiones y privilegios que vinieran al caso, según es el proceder habitual que amiga a Marruecos con España y a la U.E.
Es muy plausible que, ante la debilidad interna de Sanchez y la perspectiva probable de que, elecciones al canto, tenga que desalojar el poder, Rabat haya decidido acelerar su afán y ponga sobre la mesa la solución definitiva. Sanchez ha reaccionado según su método acostumbrado, pero en este caso por puro reflejo instintivo. Choca con que la receta de enmarañar y lanzar la pelota al otro lado del muro, según el principio de que "toda crisis es una oportunidad", principio que ha funcionado estupendamente en todas las crisis que debieran haberlo derrumbado, se resiente en este caso.
Por automatismo reflejo, como con esos éxitos pasados, el dictador confirma su sentimiento de invulnerabilidad y de estar destinado. Por hábito cree que ahora es igual. Eso explica que no solo se ha dado el gustazo de tomarse una buenas vacaciones sino que al hacerlo estima dar la señal de que "todo está controlado" y que tan "normal" como su vacación es la situación de Ceuta.
Con este personaje se da la curiosa circunstancia de que su estado de ensoñación le ha facilitado tomar las decisiones más beneficiosas para sus intereses. Ahora está al albur de las decisiones hostiles marroquíes y por mucho que sea su delirio es imposible no ser consciente de haber perdido el control del juego. Apurado como está, incluso por la siempre "comprensiva" UE, trata de ganar tiempo y de prolongar su sueño. Que quisiera continuar sus vacaciones en Andorra y que tuviera que renunciar muestra la zozobra que lo invade. Se sigue creyendo inmune y capaz de salir del trance como siempre, pero sabe que depende de la marcha que imprima Rabat.
En el horizonte solo se atisba negociar la entrega de Ceuta y Melilla o, si Rabat prorroga la satisfacción de sus ansias, esperar que la ruina de Ceuta se cronifique dejando los ceutíes su ciudad y que el asunto se pudra y olvide, como las crisis habituales. Podría incluso con esta esperanza dar señales a Rabat de que tiene trucos mágicos para prolongar su mandato e incluso renovarlo electoralmente. Su baza a este respecto es que, encapsulada la protesta de los ceutíes, ésta no se contagie activamente al resto de España y que los ciudadanos de extramuros, por clara mayoría que sean, se coman, como siempre, su indignación en el sofá. Mientras que, por medio, la tropa socialista del "25 por ciento" y sus adláteres no solo aguanten el chaparrón sino que desmoralicen, con su contumacia, a la ciudadanía constitucionalista. La posibilidad de abrir una ventana de oportunidad para llevar la estrategia del Muro a su destino final, es el sueño que Sanchez todavía espera compartir, con el que además podría calmar al "amigo marroquí".
Pero a nadie se le escapa que tal amigo tiene mucho más sentido de la realidad, una vez que, como es de suponer, tiene bien pillado a Sanchez y que su oportunidad es única. Estamos en suma, mientras esta situación se prorrogue, tanto en manos de Rabat como del juego geopolítico mundial. Sanchez está descolgado de ambos, pero nunca se avendrá a descolgarse del poder en España, por mucho que tenga que patalear y dañar. Más descolgada quiere dejar a Ceuta y a Melilla por ahora, pero eso ya no le sirve de consuelo si de esta forma ve en peligro su poder.
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