*EL IRONISTA.
Con su "bromita" Rajoy se ha encontrado con un éxito inesperado, digno colofón de su carrera de "ironista", como si fuera el dechado final de Defoe o Wilde, pero más gallego, según el tópico al uso con el que ha creado su personaje. Es la ventaja de agarrarse a la necesidad de los suyos de protegerlo por miedo a que se manche la tradición del partido, pues a diferencia del PSOE, su partido es muy sensible a dar una imagen de decencia y de buenas formas. No por nada sino porque, siendo formal y decente por vocación, duerme si cerrar los ojos por si la Espada de Damocles progresista, que lo condena a las cavernas, hace de las suyas, inerme su maquinaria ante las directrices doctrinales con la que solivianta el progresismo a su parroquia y avasalla a la opinión pública manifiesta más general..
El gran éxito no estriba sólo en que acapare las más altas atenciones, sino que, por encima de ello, tengan sus afines su humor funcionarial de peña, taberna o casino, por fino sentido de la ironía. Con la destreza de soltar chanzas su personaje marca distancia de los chismes políticos y aparentemente comparte el sentir común sobre los políticos ,"vaya tropa". En el caso que nos ocupa la broma suena a eco de la molestia del viejo Le Pen sobre la infección "de negros" que, en su sentir de grandeur tribal, sufría la selección francesa y acaparaba a esta.
Podría haber bromeado el gallego que hace de gallego, poniendo las cosas en su sitio añadiendo algo así como "según piensan muchos franceses entusiastas de la Grand France", pero no quedaba tan redondo. Alguna corrección de este tipo no hubiera arreglado mucho, pero la larga cambiada es más certera y defendible, si se pretende alguna defensa honorable. Sin cautela alguna se hace difícil distinguir si la literalidad se compadece con la intención de hacer una gracia inocente, arrastrado por el encanto quevedesco de jugar con las palabras, o más bien expresa el pensamiento sincero del autor. Esto, como dijo el portavoz marianista del PP, solo lo aclara el conocimiento del personaje, "quien lo conoce sabe que...", pero es pedir demasiado que la gente común, no digamos la hostil, tenga y pueda tener tal atención.
El detalle de esta historieta tiene su trascendencia, pero no por lo trascendente de una vanidad halagada. Siempre he creído que a Don Mariano le importa tanto la política como a los antiguos presidentes de los Clubs de Fútbol, de los que solo queda el señor Florentino y alguno más, la gestión de su equipo, con la particularidad de que a estos, además de la fama e influencia que este otorga, les suele gustar el fútbol.
Pero hay que matizar. Parece que, además de gustarle el fútbol, casualidad que no viene al caso, el interés de don Mariano por presumir a la cabeza del gobierno fue más modesto que el de estos presidentes futboleros aprovechados. Lo que no le quita verdadera vanidad. Don Mariano ni ha aspirado ni, menos aún aspira, a ser protagonista de masas. Entre otras razones por que ese ejercicio da muchas molestias y deja sin tiempo para las cosas triviales y discretas de la vida, que es lo más importante.
Su estilo tampoco lo acompaña y hay que reconocerle que huyó de la demagogia gruesa y se refugia en la socarronería distante que deja un halo de extrañeza y confunde al personal como si fuera el raro de la familia o de la tropa. Lo que al fin y al cabo molesta lo menos posible. Pudo en su caso envanecerse de que dejaba un país "normal" de no ser por el incordio nacional separatista y, a otro nivel más casero, el trago de la Gurtel. Esto contravenía su ideal de gobernar "sin líos" un sistema y una sociedad que, según su visión del mundo, es el propio "de gente que no quiere líos", si se me permite la paráfrasis.
La ironía de que en el esperado plácido oasis del fútbol, lejos aparentemente de las asechanzas políticas, se haya metido en un lío que él mismo ha provocado, seguramente por "ignorancia invencible", no es tanto un castigo a la incuria programática propia de su sentido del gobernar se refiere, sino una muestra de que en la distancia ha sentido la necesidad de cariño y admiración, tal como podría dar el fútbol por la puerta fácil y sin riesgos. Es decir con el prestigio de ser un ciudadano corriente, con sus manías incluidas.
Pero como para quien se ha bañado en primera línea de playa de la política y del poder todo lo que haga y diga tiene su relevancia política, el estrambote publicitario que se ha montado sirve para recordar que la sombra del marianismo sigue teniendo su aquel. Pues igual que el fanático Sanchez cultiva en su provecho lo peor del socialismo, su espíritu atrabiliario, guerra civilista y vengativo, el lejano Rajoy aun refleja la inercia de la derecha a dejarse llevar con toda displicencia y frivolidad, en el convencimiento de que el tiempo pone todo en su sitio y que el bien siempre acaba triunfando, incluso entre broma y broma. Aunque no lo quiera, lo más preclaro de esta opción no tiene otro remedio que reflexionar si le conviene continuar esta tradición desprendida y obsequiosa del "¡qué más da!" y del "¡cuidado que vienen!", extremos mal avenidos que Rajoy barajó con sumo arte.
* EL ASEDIADO.
El sanchismo ha llamado a rebato a sus huestes contra "el asedio judicial y fachoso"del que serían objeto. La resolución contra el hermanito y sus enchufadores se ha sentido como un punto de no retorno, entrando en la fase decisiva , para su idea, de victoria o victoria. Pero los huestes no están para grandes movilizaciones y solo se teatraliza y se desgarran los atuendos de los voceros y figurines monclovitas para conservar el treinta por ciento de la votancia que sigue fiel, y evitar el sálvese quien pueda, a la espera sin duda de que la infusión de sangre de nietos y tataranietos salve este montaje siniestro. Si la sentencia deja claro que buena parte de la judicatura no está dispuesta tragar con ruedas de molino, que la ley les importa de verdad, toca en este caso un punto bien sensible, más allá del estado de ira incontrolable y psicopática en que pueda quedar el Gran Hermano del hermanito.
Sanchez ha arrastrado a su partido en nombre del "gran ideal" de ajustar cuentas con la derecha y con la Constitución, y no menos en nombre de los ideales podemitas y woke que teóricamente expresarían, vaya Vd. a saber, el alma profunda socialista y del "progresismo" en general. Pero este ideal desprendido y zapateril emerge, a modo de superestructura ideológica, de un interés material que también liga los destinos de Sanchez y de la parroquia socialista. Bajo el ruido de la apoteosis ideológica, que da sentido a la vida de los fieles, subyace el murmullo de la recompensa casi bíblica: "¡Seguidme que conmigo todos seréis enchufados!"
La satisfacción de esta expectativa procedía de forma sinuosa, pero ahora esto suena a música celestial. Requiere su logro una gran victoria, pero ya la vergüenza, incluida la vergüenza que da ZP a poco que alguien, por muy fanático que sea, piense algo, enloda el "Gran Asalto Adelante" contra la institucionalidad democrática que debería llevar a la victoria. La partida entra en un juego psicopolítico cada vez menos sutil e informe, si alguna vez hubo una pizca de formalidad, que requiere para el sanchismo "más y más madera". Como desde el inicio todo sigue abierto pero muy cerca del final.
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