Tal es la catástrofe en la que está metiendo el sanchismo a España, que parece planificada y buscada. Ocurre, es la novedad, que la catástrofe parece engullir a sus promotores, lo que abre una "ventana de oportunidad". Pero estamos en un bucle bien retorcido. El sanchismo, o socialismo sin más, saca su principal energía de lo catastrófico, más bien de la catástrofe que provoca. En parte la catástrofe es producto de la extrema polarización, el leit motiv de su estrategia. Pero no menos en parte también el camino a la catástrofe es el instrumento para recalentar la llama de la polarización.
No es preciso enumerar las manifestaciones de esta retroalimentación. Salta a la vista que la desviación de la economía a la creación de una bolsa clientelar en detrimento de la modernización del sistema, los servicios y las infraestructuras crea un cuello de botella que por insostenible dinamizará la crispación social. Si esto es común en parte en toda Europa, lo agrava en España la voluntad socialista de patrimonializar la sociedad, despejando cualquier obstáculo institucional y moral.
En este contexto la estrategia de que la crisis social y moral desembocase en la puesta en la picota del actual sistema institucional, con la instauración en suma de una República bolivariana multinacional, no es una mera ensoñación. Pero "contingencias fatales"de todos sabidas han descarrilado esta vía directa, que para el sanchismo era la "natural".
En este impasse, cuando el sanchismo no puede lanzarse a sus fines últimos y cuando la derecha parece despertar, el estado de España es crítico, pero con las elecciones parece reversible. ¿Hay resortes para que así sea? El nuevo mandato de la derecha ha de ser sanador o no lo será, de modo que, de no ser así el desastre de la dejación del mandato de Rajoy será pecata minuta con lo que se puede esperar, Para, el sanchismo se trata simplemente de que este mandato sea un período de aplazamiento en el que la enfermedad general sea incurable. Así lo dicta el manual sanchista de que toda crisis es una oportunidad .
Los resortes sanchistas pueden seguir intactos, aunque más o menos movilizados, es decir animados y concentrados. No hace falta dar cuenta de los mismos, pero el problema es si hay resortes que los contrapesen o neutralicen. Los hay sin duda pero hay una diferencia elemental con el sanchismo que marca la ventaja de estos. Los resortes izquierdistas y separatistas siempre están prestos y mentalmente determinados, los resortes de la derecha y de la España constitucional, en general, están latentes y dispersos, sin verdadera conciencia de sí. Tanto que el fenómeno "Pedro Sanchez" ha sido en todo momento inconcebible.
En la España siempre confiada late una duda terminal: ¿como es posible que un sujeto tan inmoral capaz de una política de fuste tan retorcido no solo no haya sido despedido por la democracia, sino que la gobierne con desvergüenza de hierro y mentira desnuda sin pestañear? ¿como es posible que cuente con tanta complicidad social cuando la transición trajo, o así debió ser, la concordia y al menos la reconciliación nacional y con ello el respeto al adversario y a la discrepancia?
Es un Velo de Maya que ya no obnubila pero deja muchas secuelas. Si las filas sanchistas se hundieran todo sería más fácil, se podría imaginar que el camino de la reversión de la catástrofe sería transitable entre acuerdos razonables. Pero ¿no es pedir demasiado una vez que la más extrema irracionalidad ya es parte activa indisociable de este movimiento suicida? ¿No se siente esta facción bien cómoda en un estado de perpetua irritación y venganza?. ¿Depende entonces el futuro de que haya resortes autocríticos en esa "media España"? Quizá solo si no se está a la espera de que sea así y se obra con determinación puede darse esta reconversión autocrítica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario