lunes, 25 de mayo de 2026

ENSEÑANZAS CERVANTINAS PARA EL CASO ZP

Los clásicos son luminarias imprescindibles en situaciones límite. Refiere el gran pensador y crítico Antonio Regalado, un episodio de Don Quijote. "En esta obra, cuando se termina de leer en la venta la novela El curioso impertinente, el cura dictamina que aunque la historia le parece bien, no se puede persuadir que sea "verdad", y si es fingida "fingió mal el autor pues no se puede imaginar que haya marido tan necio que quisiera hacer tan costosa experiencia como Anselmo". Para el cura la historia de Anselmo, Lotario y Camila es imposible, ni verosímil ni creíble, aunque dice que "si este caso se pusiera entre un galán y una dama pudiérase llevar, pero entre marido y mujer tiene algo de imposible". (Calderón. Los orígenes de la modernidad en la España del siglo de Oro. Ensayos Destino I, 706)


Para los pagos sanchistas es inverosímil e imposible que la honestidad en persona, que ZP, ese dechado de virtud socialista, cometa lo que se le imputa; claro que verosímil y matemáticamente verdadero sería si se tratara de Feijoo o Aznar, etc. Igual debe pensar el mismo ZP en perfecta sintonía con su público fiel. Siempre se ha creído Mesías regenerador planetario y así le ha ido estupendamente. "¿Tan honesto que soy, como puedo ser un saqueador universal?" debe preguntarse atónito. "Haya hecho lo que haya hecho, tiene que estar bien y si no lo está es que no lo he hecho", podría concluir.


Respecto a su estado mental la novedad es el paso del monolitismo que reúne el bien y la verdad, al dualismo en el que el bien y la verdad se separan amenazando discrepar. ZP tiene que conjuntar lo que hasta el momento era una pieza única y, según parece, bien lucrativa: es la verdad que no sólo sería bueno sino que sólo haría el bien por doquier. Para asociar lo súbitamente disociado ha de afrontar mentalmente la disyuntiva entre el bien y la verdad. "Si como soy bueno no he podido hacer nada malo, una de dos o es falso de toda falsedad lo que se dice y se me imputa o es parte necesaria de un bien superior para la humanidad".


Todo indica que en lugar de elegir una alternativa, en su mente ambas tienen que conjugarse, pudiendo servir una u otra según la conveniencia. La viga en la que este funambulismo mental se sustenta es la cómplice aquiescencia de su tropa social. Embaucados los suyos como están tienen que cerrar filas a toque de corneta gubernamental y del bloque de poder, porque de lo contrario pasarían por gilipollas defraudados por "el amor de nuestra vida". Si casi imposible es pensar "¿qué hacer" si nos hundimos?, más inconcebible les parece la posibilidad de hundirse. Sería como si la luna desapareciese de pronto.


No debiera extrañar que, si anda en juego el hundimiento de la nave, cruzado el umbral del fanatismo y del sectarismo los adeptos, por muy perjudicados que estén, hagan de tripas corazón y se crean casi de verdad lo que pidan las tripas.


En el entremés cervantino El retablo de la maravillas se cuenta lo inverso del cuento de Andersen El rey desnudo, pero viene a ser lo mismo. En éste el pueblo no ve lo que tiene delante por pudor y estupefacción, y como así les pasa a todos, todos se creen que no ven lo que ven. En el caso del entremés cervantino, todos dicen ver lo que no ven y casi se lo creen, para que no se diga que son necios o herejes. Son casos de inducción a la fe con diferente matiz, según sea la fe creer lo que no se ve o no creer lo que se ve, como el caso del cuento de Andersen. Si los juntamos en la mente del crédulo éste puede sintonizar estos extremos. Es razonable que lo haga porque, como ocurrió en el rey desnudo no hay visos de que parezca un niño que diga la verdad y si apareciera, como el furrier en el entremés cervantino, este recibiría una paliza por parte de quienes apuestan por su fiel credulidad a toda costa.


Tenemos así que en sintonía con el relato de Andersen el público adepto puede "ver"a ZP de gala tan peripuesto como si fuera a los premios Goya o a agasajar a Fu Man Chú. Mientras que, en aplicación del entremés cervantino, en lugar de ZP saltará a la vista algún avatar judicial del Gran Inquisidor o el mismo Trump, que según el público sería lo mismo.


De cuajar, estos trampantojos pueden ser una buena plataforma para cambiar el escenario como ha ocurrido casi siempre. Dejando de lado lo que el episodio tiene de enseñanza psicopolítica, centrémonos en que nos espera la maravilla de las maravillas, lo que siempre está a la espera.


¿Con qué inaudita magia chamánica convertirá, por ejemplo, la asociación sanchista el malestar por la catástrofe habitacional que ha provocado en motivo para montar una República plurinacional, como se dice? Esta causa o cualquier otro motivo de malestar está a la espera de engordar la bola del bien supremo. No hay que temer ser los causantes de ese malestar y de tantos otros porque han demostrado sobrada destreza en achacar el mal a la "fachosfera" y salir pimpantes.


Al fin y al cabo el dúo "regenerador" ha apostado todo el capital histórico, sentimental y factual, del socialismo y el progresismo, avasallador como ninguno, a una sola carta, convencido de ganar. El traspiés de ZP no detendrá la fiesta. Por mucho que sea el miedo y el castigo que en buena lógica debiera alcanzarles , más fuerte es su delirio por la cercanía de la victoria y las ganas furiosas de saldar cuentas. Como decía el poeta "cuanto mayor es el peligro, más cerca está la salvación". Todo se resume en siempre atacar nunca defenderse y menos apartarse y admitir evidencia alguna desfavorable.

 

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