sábado, 9 de junio de 2018

REFUNDAR EL PROCÉS.


Se han apretado las filas socialistas para recuperar el bipartidismo y con ello la hegemonía política e ideológica. Más que un gobierno de circunstancias para ir tirando parece un gobierno decidido a que la población le agradezca que le libre de la pesadilla del Procés. El socialismo va a jugar fuerte la baza de la “normalización”, tal como se ha dado prisa en proclamar.

La política española en toda la democracia ha tenido por vértice la alianza estratégica entre el socialismo y los nacionalistas. De ello depende el predominio del PSOE. Este cinturón de hierro se resquebraja por los excesos del Procés y el desgaste de materiales, es decir la deslealtad permanente nacionalista sin corrección alguna.

Desde la perspectiva socialista no hay otro remedio que refundar el statu quo de la alianza con los nacionalistas con pasos concretos y un proyecto lo más definido posible. El golpe de mano que ha aupado a Sanchez significa que o bien cuenta con la aquiescencia del conglomerado nacionalista para refundar el statu quo o bien cree que de esta forma puede conseguir tal conformidad. De esta forma pide una tregua bien para negociar ya o para preparar negociaciones. En el fondo es lo de menos. Todo depende de que los nacionalistas se avengan a la refundación de modo que esta sea viable.

Más allá del beneficio publicitario, la presencia de Borrell y Margarita Robles marca la línea roja: ni República, ni independencia, ni derecho a decidir por concesión legal, lo que por otra parte sería imposible. Es una línea roja obvia pero que es oportuno recordar porque los separatistas viven en la creencia de que todo es posible sin necesidad de verdadero sacrificio. No dudo que los socialistas en ejercicio, incluido Borrell, tragarán cualquier solución que no parezca la independencia ni la oficialice.

Pero hasta esta línea roja todo es posible, por ejemplo la autosuficiencia estatuaria que ha propuesto el Círculo de empresarios y que convertiría a Cataluña en una especie de Estado Libre Asociado. Los esfuerzos de la Sra. Batet tienen que dirigirse a convencer que algo como esto es viable pero sobre todo a que se puede confiar en el PSOE después de las próximas elecciones. El control de los tiempos, las proclamas, los secretos y los silencios depende de ello. También la supervivencia del PSOE, un partido que no puede sobrevivir sin ser hegemónico.

Ahora la pelota está en el tejado de los separatistas. Lo de siempre: Realidad o Utopía. Si devuelven la pelota empezará la partida de verdad. Si no le dejan opción al PSOE y siguen con la política de tierra quemada será difícil que el PSOE encuentre alguna rendija.

viernes, 1 de junio de 2018

LA FE PÓSTUMA DE RAJOY


Es claro que la cohesión y la moral interna del PP descansa en el convencimiento de que sólo ellos garantizan la continuidad de España en cuanto que comunidad política. Sin duda esto es discutible pero chirria la ligereza con la que se toma el peligro de desaparición de nuestra comunidad política. Por ejemplo la Sra. Cospedal, su única dirigente digna de tal nombre, reduce el trance en que se encuentra España a una cuestión de estabilidad. De esta forma el descabalgamiento del PP llevaría a España a la “inestabilidad”. Creo que así puede estar Italia, para quien es lo suyo estar en permanente inestabilidad, pero aquí la inestabilidad permanente puede resultar mortífera y trágica. No son de pacotilla las tendencias destructivas pero más poderosas las que se lo toman como una cuestión menor o una simple superchería de la derecha.

La gestión que ha hecho Rajoy del final de su agonía revela que nunca ha creído que nuestra comunidad política estuviese amenazada en serio. Pero no porque se esté dispuesto a hacer frente a sus enemigos con todas sus consecuencias, sino porque sería imposible metafísicamente, no cabe en el orden racional, o providencial según se vea, del universo. Desde esta perspectiva de tan aparente “sentido común”, -supongo que G.E. Moore será la lectura de cabecera de Rajoy- por muy bravas que sean las aguas desbordadas necesariamente han de volver a su cauce. La esencia del marianismo se resume en el pasmo en el que le sumió la “traición” del PNV. Da la impresión de que su infructuoso afán de convertir en amigos y caballeros a quienes lo cifran todo en hacerlo el enemigo público numero le mueve más a la melancolía y la resignación mancillada que a revisar el propio chip. El estacazo de sus socios leales es el desenlace de una novela de sinsabores y “malentendidos” donde los malos no se han comportado como debía hacerlo toda persona y fuerza de bien.

Rajoy entiende la política desde su peculiar personalidad, cuando lo normal es amoldar esta a la forma de entender la política. Pero haciendo abstracción de ello, que es mucho hacer, la lógica por la que Rajoy ha preferido un Gobierno potencialmente suicida, para España, a la de forzar elecciones, o intentarlo, da al traste con cualquier intento de identificar el interés del PP y el interés general de la nación. Se ha optado por la improbable salvación del Partido antes que por una vía de esperanza para invertir este proceso. Descartado convocar elecciones generales por mal augurio para el Partido, mejor soñar que la resurrección está al borde de la esquina si Sanchez se estampa al ponerse a gobernar. Lo único preocupante es la intromisión de Rivera, que debería pagar su osadía tal como quiere todo el conjunto del espectro político.

Pero esto es un juego de niños, una batallita ajena a lo que está en juego. Rajoy ha entregado todas las cartas al engendro rupturista, como si estos fueron ineptos e imbéciles y no fueran más que a darse a las bravuconadas para que el electorado de derecha de toda la vida renueve contrito y alarmado su adhesión. Veremos si es así.Todo depende de como los socios del milagrero Sanchez acierten a modelarlo, de como Frankenstein se remodele a sí mismo. Si se conforman con darle margen para coger aire, a cambio de gestos simbólicos, y citarse en las elecciones adornado con todo tipo de beneficios y prebendas “sociales”, y alardes guerra civilistas, o si le requieren a que concrete ya la confederalización de España. Como Rajoy está convencido de que sólo el sabe manejar los tiempos, debe ester convencido que sus enemigos andarán a palos de ciego entre ellos, sin parar mientes que en política nada une más que el odio una vez que el objeto del odio común está bien perfilado. También el odio, para prosperar, requiere prudencia y alardes empáticos.

jueves, 17 de mayo de 2018

ANTIPATÍAS


Los avatares del Procés tocan la fibra judía de cualquier ciudadano consciente. Se destapa en el Procés lo más prototípico y archisabido de la infamia. Lo más temible es la displicencia con la que las élites políticas camuflan su miedo a conocerlo y sobre todo a reconocerlo. H. Arendt cita una reflexión de Goldstein en los albores del Holocausto.

“Es fácil demostrar lo absurdo de los argumentos de nuestros adversarios y probar que su enemistad carece de fundamento. ¿Qué se ganaría con esto? Que su odio sea genuino. Cuando se hayan rebatido todas las calumnias, rectificado todas las distorsiones, rechazado todos los juicios falsos sobre nosotros, quedará la antipatía como algo innegable. Cualquiera que no se de cuenta de esto no tiene remedio”. (Hombres en tiempos de oscuridad, H. Arendt)

Hay poco remedio ante una ignorancia querida. Juliana se alarma porque bastaba guardar la bestia en el armario. Teme que el entramado político DE LA IGNORANCIA que tiene su vértice en Madrit pase apuros. Ni siquiera eso está claro. La sospecha de caer antipáticos siempre ha estado a flor de piel. La vergüenza ya cronificada por el ser de España se resuelve en la autocupabilización. Sin saber por qué ni en qué, pero por algo no caemos simpáticos. El sueño de nuestra democracia es caer simpáticos a toda costa y remediar lo que debe ser un enigmático “malentendido”. Goldstein ha descrito el resultado, un episodio más en la “Historia de la Infamia”.


martes, 15 de mayo de 2018

EN EL PAISAJE DE LA BESTIA


*El Govern del más bestia para lo más bestia.

*El único debate racional posible: ¿provocan para que se produzca la intervención o porque cuentan que no va a haber intervención, al menos de verdad?.

*La secuencia del totalitarismo es de manual, pero las víctimas sólo la comprenden cuando está prácticamente cumplida. No porque se precisen luces especiales, sino porque hacerlo antes amarga la vida. Todo empieza con el dominio intelectual y (con posibles variantes) sigue el dominio semántico, el dominio ideológico (ahora se dice “relato”, y también se podría añadir la imaginería), el dominio simultáneo de los medios y de la calle, el dominio político, el acceso al gobierno, la toma del poder y por fin el cumplimiento del destino y del relato: la tarea histórica de ajustar cuentas.
Naturalmente la “variante” del terrorismo cambia la secuencia, pero es otro asunto.

* Rajoy merece comprensión y cariño por estar sumido en un estado de ansiedad difícil de soportar, aunque bien lo disimula con todo valor y maña. Pues como ha confesado y tiene razón: “la ansiedad no soluciona nada” Será por eso que nada se ha solucionado.

lunes, 14 de mayo de 2018

TENER QUE DECIDIR




Es el  Govern  del mas bestia para recoger las nueces, incluida la cosecha que ha dado el frustrante 155. Este ha impedido la independencia pura y dura, pero ha dinamizado el juego por la independencia.
Algunos califican de locura la maniobra de los Puigdemonitas. Más bien parece que en lugar de actuar a la desesperada lo hacen con plena conciencia de la extrema debilidad política del gobierno y la voluntad de este de atarse de pies y manos. Creen que no tienen nada que perder y que la agitación les beneficia, mientras en “Madrit” tertulianos y políticos se rasgan las vestiduras porque la masa separatista se obstinan en no actuar como se supone lo debieran hacer los ciudadanos sensatos. Se amagan las súplicas para salir del hartazgo: “Vuelvan a la normalidad y todo les irá mejor”

Ahora Rajoy tiene muy difícil convencer a nadie de que estamos de vuelta a “la normalidad”. Desconozco si sigue creyendo en la vuelta al “oasis” o si todo le da igual. Supuesta su buena fe debe confiar que la U. Europea será un dique definitivo, por lo que los separatistas ya se cansarán. Un estadista normal vería en la provocación de Puigdemont y los suyos la ocasión para tomar medidas contundentes. La mayoría de la población lo aclamaría y el PSOE tendría que morderse la lengua una temporada, a ver que pasa. Por supuesto va a seguir el martirio, gota a gota o ya con la furia desatada. Se ponga como se ponga, la U.E. no va a poder evitar que tarde o temprano tengamos que afrontar el dilema al que estamos abocados: o les reconocemos “el derecho a decidir” o se suspende la autonomía hasta que haya garantías de verdadera normalidad. El problema es que lo que se haga o no se haga no va a resultar irrelevante para marcar las condiciones desde las que se va a “tener que decidir”.

sábado, 12 de mayo de 2018

SOBRE EL INCORDIO DEL 155



Un somero repaso de lo sucedido desde la atrancada aplicación del 155 permite concluir ciertas evidencias.

1.La acogida por los nacionalistas del independentismo no es flor de un día ni fruto de un calentamiento. Supuesto que los oligarcas nacionalistas prendieran la mecha del Procés para tapar su corrupción y cubrirse de la tormenta de la crisis, lo significativo es que su masa social presuntamente moderada se ha empeñado en seguirlos. Bastó que se excitara su pasión antiespañola de siempre mal disimulada, porque la autonomía cultivaba el desprecio y no el acercamiento o simplemente la coexistencia con toda España. La llamada al desafío hizo tomar conciencia a las masas nacionalistas de su verdadero poder basado en el dominio absoluto de la sociedad catalana y en la debilidad patológica del Estado español. Esa conciencia los ha envalentonado de una forma que ellos mismos no imaginaban.

2.La fe en que el nacionalismo volverá a la moderación tarde o temprano porque no tiene otro remedio descansa en vanas ilusiones. Quienes argumentan esto en nada palpan el pulso de la realidad, sólo aducen vaguedades abstractas, cantinelas de los manuales de psicología, sociología y de política parda que prescriben como se tienen que comportar los acomodados, por mucho que momentáneamente deliren. Un panorama en el que al odio a España, ya consagrado, se une el convencimiento de que lo conquistado es definitivo, no puede desembocar por sí mismo en el milagro de ponerse a disfrutar entre todo de las virtudes del buen rollito. Sucede más bien que los díscolos acomodados están los suficientemente acomodados para no ver en riesgo su comodidad, mientras que están lo suficientemente ensoberbecidos para tener sólo entre ceja y ceja un proceso que ha de acabar en la grandeza de hacer morder el polvo a “esa gente tan soberbia”.

3.-Los nacionalistas sólo están dispuestos a negociar en serio el derecho a decidir, consecutivo a la impugnación de la Constitución. Tácticas o estrategias a parte, se reanime el “proceso constituyente” que conduzca a ello a las bravas o estemos sometidos a un proceso de cocción a fuego lento, la misma noción de coexistencia entre Cataluña y el resto de España ya queda en la nostalgia. La promesa de negociar por parte de la clase política española obviando este hecho es una ingenuidad infantil. La promesa de negociar a sabiendas de esta condición traspasa el límite de lo debido, sino se declara públicamente con todas las consecuencias.

4.-La posibilidad de que la sociedad catalana antinacionalista resista depende en gran medida de que el Estado actúe y neutralice los principales focos del poder del entramado separatista. Cosa que sólo puede ocurrir si va de la mano de la movilización de la sociedad española que no quiere la división de España y de la conciencia por parte de esta de que el peligro es real. Dado que la fractura social es un hecho que tomó forma al asumir el PSC-PSOE los postulados nacionalistas y que se hizo evidente al desatarse el Procés, el problema es que se hace necesario impedir que el escenario en el que unos mandan y otros obedecen, unos actúan indemnes y otros se recogen inermes, acabe siendo lo que decida todo.

5.-A duras penas ya se puede confiar en Europa y menos aún depositar en ella nuestra seguridad. Tan susceptible es la opinión pública y sobre todo la clase mediática a los experimentos románticos como los gobernantes a las convulsiones de la opinión pública, juego de intereses aparte. Se ha demostrado que en eso España tampoco es una excepción. a los nacionalistas se les debe hacer evidente que tienen una mina que pueden explotar convenientemente mientras estén en movimiento y agiten el victimismo. La tensión se reafirma como una de las principales bazas que pueden estar dispuestos a jugar.

domingo, 6 de mayo de 2018

HABERMAS Y CATALUÑA


” ENTREVISTADOR : ¿Sigue de cerca el problema catalán? ¿Cuál es su opinión y su diagnóstico?
HABERMAS : Pero realmente, ¿cuál es el motivo de que un pueblo culto y avanzado como Cataluña desee estar solo en Europa? No lo comprendo. Me da la sensación de que todo se reduce a cuestiones económicas… No sé lo que pasará. ¿Usted qué cree?” (El País)


Me atengo a este breve fragmento, el asunto no dio para más pero es significativo. Por supuesto qué menos que compartir el pasmo. Ahora bien…

No me atrevo a enmendar a Habermas ni entrometerme en su discurso, pero como muestra estupefacción ante los motivos del separatismo catalán seguramente se acoge a lo más socorrido: “será una cuestión de dinero”. Así la derecha se lo ha creído durante estos 40 años y ha podido hacer el el avestruz sin asumir responsabilidades, que es muy fácil gobernar diciéndole a la población que tranquilos, que no pasa nada, salvo algo más de pasta. La izquierda es otra cosa: optó por la colaboración estratégica con el nacionalismo para deslegitimar a la derecha. La alianza política dejó paso a la simpatía cuando no comprensión e identificación ideológica en no pocos. Para la izquierda, la derecha, Franco, los ricos, la Inquisición el genocidio y como no España son un “totus revolutus” que diría el insigne. Si los males de España proceden exclusivamente de la derecha parece obvio que las reclamaciones nacionalistas son en el fondo justas mientras existiese la derecha “ilegítima”, o sea la derecha como tal.

El que el separatismo catalán no sea una cuestión de dinero sino de fanatismo históricamente macerado, no impide que sea parte esencial del imaginario separatista que “sólos seremos mucho más ricos”. Lo que sorprende de la interpretación de Habermas es que no afronte la enseñanza del nazismo. ¿Era cuestión de dinero? Seguramente una parte de las masas secuaces así lo sentían y es obvio que sin el crack del 29 no hubiera llegado a nada. Pero la motivación del movimiento nada tiene que ver con la ocasión y ahora parece demasiado clara a la luz de la historia cual era esa motivación para no insistir sobre ello. Desde luego el supremacismo catalanista es de mucho menor alcance, sólo es hispánicamente casero. Que Habermas no siga la pista que lo liga al supremacismo racista nazi indica cuan inconcebible es que en la Europa del bienestar, la opulencia y los derechos civiles rebroten estos retoños maléficos. Pero una cosa son las condiciones materiales y otras las pasiones latentes, el fondo oscuro que se ha dejado cultivar, como entre otras cosas la tragedia yugoslava demostró.

La incapacidad de considerar el poder de las pasiones subyacentes que alimentan cualquier demagogia es uno de los prejuicios más poderosos de la izquierda que se tiene por heredera de la ilustración: que todos los males e injusticias provienen de un sistema alienante y que las bajas pasiones y los impulsos liberticidas son cosa exclusiva de los siervos del sistema, es decir la derecha reaccionaria, (un pleonasmo para los progres).

En el colmo de la apoteosis los separatismos carpetovetónicos obtuvieron la unción como progresistas y demócratas. Se lo debieran agradecer a la izquierda hispana en el sentido más amplio, pero nunca lo harán por eso de que Roma no paga a traidores. En cualquier caso el desconcierto de Habermas no debe ser ajeno al reguero mugriento que ha dejado durante tantos años este dislate ideológico.

El énfasis sobre la contradicción que supone que un pueblo de elevada cultura prefiera ahogarse en la endogamia espiritual y material bien nos devuelve al pasmo que suscitaba que el pueblo más culto del mundo gozara en el lodazal de la barbarie. Sin duda Habermas se habrá interrogado al respecto un sinfín de ocasiones y no debe ser fácil contestar. Incluso cabe preguntarse si la arrogancia por la superioridad cultural alemana no contribuyó al éxito nazi. El hecho de que le parezca anormal que a un pueblo culto como el catalán le pueda pasar algo objetivamente parecido que a la Alemania nazi sin hacer cuestión ni analogía de ambos casos se puede explicar porque considera que el separatismo catalán se mueve más por la codicia y posiblemente por errores de apreciación que por el fanatismo y el totalitarismo. Estar ungido de demócrata y progresista tiene estas ventajas.

Es obvio que el independentismo se justifica en la falacia de que sin Estado propio la cultura catalana y con ello el pueblo catalán está condenado a la desaparición. La verdad es que es cierto en parte, pero sólo si se considera que la cultura catalana es ajena al conjunto de la cultura española. Esto sólo se sostiene si se niega todo lo que hay de común en mutua y múltiple sinergia. De la separación sólo podría resultar una seudocultura jibarizada, que nada tiene que ver con la cultura catalana.
Pero lo que para los independentistas importa es alimentar la fiera que luego ya se verá. Como la independencia sólo se puede justificar por una presunta superioridad, no cabe tal superioridad sino comprende la cultura. Sin embargo nadie puede desconocer que por mucho menoscabo que por todo tipo de pagos reciba el valor de la historia de España, la aportación cultural de España, incluida como parte de ella la catalana, a la cultura universal es inmensa y difícil de discutir. Contando además que trasciende de forma incomparable la aportación que la cultura catalana puede haber hecho por sí sola, desprendida de la del resto de España.

Hay que hacer auténtico encaje de bolillos para sostener superioridad alguna ante este hecho. Para consumo interno y de los que están a la que salta en toda España, el mito de la presunta superioridad se ha beneficiado de la propensión del progresismo español a impugnar la historia de España como si esta careciera patológicamente de familiaridad alguna con la libertad. Que el franquismo hiciera de la retórica imperial uno de sus motivos favoritos de autolegitimación viene que ni pintado para alimentar esta patraña. Pero como la impugnación es lo que priva y constituye el verdadero legado para demasiados, no es extraño que mueva a la incuria sobre el valor de nuestra aportación cultural. De ahí a creer que lo que no merece el amor de los suyos tiene que carecer de valor alguno, no hay más que un paso. De hecho afortunado para el ideario separatista hay que catalogar que el ciclo histórico de la exaltación autóctona de la tradición cultural que fue la Renaixença coincidiera con el cuestionamiento presuntamente regeneracionista de la historia española. La historia facilitó que se pudiera dar ese paso sin mucho que explicar.

Conviene no olvidar por todo lo anterior que la imposición excluyente del catalán trasciende el problema de la comunicación. Comprende el desconocimiento y erradicación, si se puede, de la riqueza cultural de España, porque sólo de esa manera se puede sostener que la cultura catalana no está enhebrada con el conjunto de la española. Por eso no se trata de que un pueblo culto se aparte del progreso humano, sino que para hacerlo haya de desprenderse de unas vetas esenciales de su fondo cultural y ofrecerse a padecer una culta y unilateral autodesculturación.