viernes, 26 de diciembre de 2025

SOBRE EL DISCURSO REAL ANTE EL ABISMO

 

Como Sanchez sigue adelante, y seguirá hasta la victoria o la derrota definitiva, y como sólo los suyos lo pueden evacuar, toda su confianza está depositada en que ganará entre los suyos el instinto de victoria sobre el de supervivencia. Siempre y cuando, claro está, dé muestras el más Intrépido que ninguno, de que, con puño de hierro y corazón de hielo, está dispuesto a conducirlos a la victoria final. Pero el no menos Inmaculado está en el brete de que para ello tiene que desvelar sus planes y convocar a la masa "progresista" para la victoria final, la república confederal, y no está el horno para bollos. Porque si hasta el momento todo se fiaba a que "el Proceso destituyente" madure hasta que el espíritu constitucional se asfixie, ahora solo puede, él y los suyos, pensar en sobrevivir como sea.


En este contexto se sitúa el discurso real de Navidad. Técnicamente ha dicho la mayor cantidad de verdad que la Moncloa puede admitir. Como esa verdad es poca y genérica, como además está maquillada y lo mollar se sugiere muy sibilinamente, para la gravedad del momento, sin duda que su Majestad confía en la comprensión de los constitucionalistas y en el buen sentir del pueblo en general. A pesar de que lo equívoco de la referencia a "los populistas" y a la "desinformación" tiene que despertar suspicacias y levantar ampollas. Si de una concesión a Sanchez se trata ¿era necesario?. En este caso el fin de salvar la Monarquía no precisa de estos medios, si tal es la razón.


Pero como no puede ser de otra forma este fin ha guiado el contenido y la forma. Un contenido de buena voluntad constitucional que espera mantener la adhesión de la gran mayoría de la población. Una forma que sugiere poderío y determinación institucional, obviando,este año, el sentimentalismo de la noche. ¿Da de esta forma una idea de que estamos ante el abismo?


De momento, ¿agradecerá Sanchez el miramiento real ante sus fechorías? Es decir que no lo tratase siquiera como trató a Rajoy en un discurso pasado, mereciéndolo con mucho más motivo. Entiendo que la pregunta mueva a la risa. Es de suponer que don Felipe es consciente de que ahora Sanchez no puede echarle un órdago. A la vista de ello, ¿es entonces lo más sabio"no dar argumentos", como hacen los jueces en sus sentencias preventivas en vistas al TC, a quien se sabe que eso nada le importa, para hacer "lo que tiene que hacer"?.


Porque lo que ofrece más dudas es si en la Zarzuela se toma en serio que, de perpetuarse el gobierno del bloque de poder vigente, esto se llevará por delante a la Monarquía y la Constitución. ¿Se piensa en eso o sólo en salir adelante y evitar la erosión a la espera de que "todo se pondrá en su sitio"? ¿Se puede confiar en que la inercia constitucionalista de la mayoría de la población sea garantía suficiente para que la pesadilla acabe? En todo caso es encomiable de que, ante el abismo, se invoque el resplandor institucional en contraste con la resplandeciente indecencia del bloque del poder.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

LA MAFIA Y LA PICARESCA

 

Sanchez, que de cultura popular, y menos de cultura general , debe presumir que no le hace falta entender, al menos, a a la vista está, para salir bien librado de su negociado, debe "capiscar" el disfrute que le produce a los españoles la contemplación de las peripecias picarescas. En ello debe existir algo de envidia. Desde luego el episodio quijotesco de los galeotes debiera figurar en el frontispicio de la picaresca universal. ¿Quién, además de reírse del triste desenlace con el que los galeotes se ensañan con el pobre loco, no sonríe de contento con los argumentos "demoledores" que exponen contra la justicia los galeotes puestos a pícaros?


Darles la razón no es cosa de gente civilizada, "¡pero es que queda un regusto!", "¿no será que en el fondo tienen esos forajidos razón?" Nada más frívolo que adjudicar tal simpatía a un exceso de celo evangélico. Esta bien eso de "no juzguéis y no seréis juzgados" o la más contundente bienaventuranza en favor de "los perseguidos por causa de la justicia", pero para el cielo, o sea para la moral personal como norma de vida. ¿Pero para la moral pública? Que una cosa es la preservación de la parte divina del hombre, su ser persona, y otra distinta la preservación del patrimonio común de la civilidad.


Pudiera ser que para Sanchez, que lo olisquea todo y se las huele todas en lo que es de su conveniencia, haya reflexionado sobre el provecho político de esta enigmática complacencia popular, bien manipulada. ¿Hasta qué punto, para su imagen pública intramuros, no puede ver una ventaja exhibir picardía y desvergüenza en dosis apropiadas?


La sociología y la politología no puede apenas percibir el alcance político de esta influencia tan característica del "factor humano". Incluso ni siquiera puede pasarsele por la cabeza que eso pueda existir. Perdón con excepción del director del CIS, laboratorio de la picaresca oficial. Aunque sólo sea por "ejemplo" debe ser consciente de lo receptivo que puede ser el pueblo y en especial su gente.


El hecho es que no se puede desdeñar que la admiración popular por la picaresca tenga su efecto político y hasta que pueda ser un factor estético, en la estética publicitaria, de primer orden. Hagamos varias precisiones.


En primer lugar aunque este reflejo pudiera ser parte de la idiosincrasia hispana, en términos políticos sólo afecta por bandos, según les vaya. Alan Poe encabeza uno de sus cuentos, "El rey peste", con la siguiente cita:


"Los dioses toleran a los reyes

Aquello que aborrecen en la canalla"

(Buckhurst, La tragedia de Ferrex y Porrex)


Pongamos en lugar de "los dioses" "los nuestros", y en lugar de "la canalla" "ellos".


En segundo lugar la práctica picaresca resulta natural, por estos lares, en quienes dominan la propaganda, como ingrediente indispensable, y hacen de la propaganda su puntal para el dominio.


En tercer lugar dado lo incivil del aprecio público de la picaresca y artes análogas, este aprecio no puede ganarse de súbito, sino que se ha de incubar poco a poco, gota a gota, en el cerebro reptiliano.


Este goteo, en las presentes circunstancias, empieza por ver a los gangsters como pícaros. Metamorfosear el gansterismo en picardía es el salto decisivo de lo inmoral a lo familiar. ¿Acaso dentro de la familia, sea personal o grupal, no es todo comprensible?


Salvo capas desagregadas, en nuestros lares las prácticas mafiosas repelen hasta la nausea. Dejando aparte la insidiosa envidia que desvirtúa cualquier coherencia moral, para la hiperigualitarista cultura hispana la mafia es una versión más sofisticada de lo que se entiende por práctica normal de los ricos. ¿Qué rico no está, llevado por su codicia desmesurada? ¿a qué mueve la codicia sino a prácticas semimafiosas cuanto menos? Eso canta al menos la "piedad" tradicional y todavía más la "piedad" posmoderna.


¿Qué vínculo puede haber entonces entre la denostada mafia y la admirable picaresca, que permita ver la mafia como si fuera picaresca? ¿no es la picaresca el pellizco que los pobres se pueden permitir dar a los ricos?


La cosa cambia si la dialéctica entre ricos y pobres se ve como dialéctica entre los representantes de los ricos y los representantes de los pobres. Esos figurantes diversos tan imprescindibles. Las practicas mafiosas de los representantes de los pobres serán vistas, pasado el sobresalto y con buen aderezo, como prácticas de pícaro necesitado o incontinente. Los afortunados "representantes" saben de esta propensión subterránea y la cultivan hasta la extenuación. En cuestiones de todo o nada renta más el descaro que andar a escondidas. Al menos eso puede desconcertar al crítico y puede enfervorizar al adepto. Incluso la picardía puede llevarse al extremo. Pavonearse de logros tibetanos, a sabiendas de que todos saben que es una pose, es la más elocuente señal de determinación, audacia y poderío. ¿Qué mafioso puede llegar a tanto? ¿qué mafioso no tiene que ocultarse?

Además no hay picaresca sin chapucería. ¿Qué mafioso no trata de limpiar los rastros y de cuidarse con finura? Contra lo que pudiera parecer, una vez interiorizado que no es mafia sino picardía, la chapucería da a la picaresca un toque humano y familiar. ¿No es esto impropio de la mafia, siempre más matizada públicamente?


En suma, para las mentes bienpensantes, parece Mafia, pero no lo es. Nunca pensar que la picardía la mafia bien vista.

domingo, 14 de diciembre de 2025

CRÓNICA NAVIDEÑA

 

En el marco de la crisis de 1918, escribió el ilustre escritor mexicano Alfonso Reyes, en su estancia en España: "Por las calles, contra la venta de votos decían los carteles: "Vendes el voto: mañana venderás a tu hija". Herido por la grosería del concepto, Ortega y Gasset aseguraba que la venta de votos era, en todo caso, un camino de la democracia, y que no convenía ponerse solemnes."


Fue un desliz de un todavía joven Ortega, extrañamente comprensivo de la condición humana. Sin visos de participar de la finura y galanura del gran maestro, no es ironía, de la filosofía y la cultura española, pero con decisiva solemnidad, Sanchez viene a dar una vuelta de tuerca y a la vez una vuelta a la tortilla a tan pía comprensión ( que pensemos, con igual piedad, era una ironía). Muy en serio el Inmaculado enamorado tiene que convocar a los suyos para el auto de fe en el que todo se juega. A los suyos sin maquillaje, porque sabe que ni por descuido los suyos de conveniencia, sus socios,  dejarán de sostener al que es ya su monigote, hasta apurarle los huesos si hace falta. Aunque no lo parezca este depredador siempre ha dependido de verdad de la resiliencia, es decir de la falta de vergüenza, de los suyos. Digamos que del socialismo aguerrido y feminista. Como es imposible no saber lo que hay que saber, se impone el Do de pecho: "Somos saqueadores y guarros pero traemos el progreso y aplastamos a la ultraizquierda. Este es el camino del progreso. ¿Qué más se puede pedir, si todos somos humanos?", les emplaza.


El reclamo suena de ultratumba, porque, tatuada toda la piel socialista de feminismo, en este despacho ha saltado alguna chispa de rebeldía. Algo hasta ahora impensable. No deja de revelar que más allá del socialismo, el feminismo tiene vida propia. La única vida propia, cualquiera que sea su calidad, entre todos los prestamos woke. Y todo lo que tiene algo de vida propia puede llegar a ser temible para el sistema "realmente existente", a poco que alguna circunstancia se líe. Lo demás, lo propiamente socialista en la España constitucional, es supremacismo moral y político impostado e hipocresía ecléctica de poder total.


En este sobresalto, para que el incendio no alcance toda la Casa del Pueblo no basta encapsular la culpa en unos "golfos". Hay que andar más fino con el negociado feminista y elevar la mira filosóficamente. Hay que ponerse en lo que significa que "el machismo es la estructura social". Véase Beauvoir, Foucault o Derrida. Perdida la perspectiva genuinamente socialista, y "por tanto feminista", ¡no se haga de un "descuido" administrativo familiar el provecho más suculento para el enemigo de todos y todas!. Reflexionemos. "¿Quien sino el socialismo arrasará la estructura patriarcal?, ¿Qué esperan los "machirulos" sino que el socialismo se desmorone?".


¿Pero hasta donde puede llegar el canto de la hiena ahora posmoderna? De las brumas de la Ideas a la contundencia del mundo real el caso es que si no se sofoca el incendio las deudas pendientes y agravios colmarán la cocina en la que todo se guisa. El vómito de lo antes intocable lo hará todo irrespirable.


Si a esto se llegara ¿de qué valdrían las dos cartas que Sanchez espera hacer valer a la desesperada?. En el frente político, la carta de que Vox engorde hasta confundirse con el PP en los gobiernos regionales a la vista, para que se espabilen los adeptos socialistas que puedan estar escamados.


En el frente judicial, que ningún juez ose mandar la Guardia Civil a la Moncloa.


Pero ya por fin lo que parecía imposible, es posible. No sólo el PSOE se puede hundir con Sanchez y sus saqueadores, sus brutos y sucios, sino que puede hasta desaparecer, al menos como algo relevante. Los resilientes socialistas no tienen la piel para disquisiciones y escrúpulos morales, ni sobre el bien común. Se han empeñado en ser parte y aval moral de una maquinaria de poder que ahora se enfrenta a lo más triste, a la vista de las alturas a la que han llegado y están por llegar: tener que sobrevivir.


No pueden escabullirse de la responsabilidad. Ante el todo o nada, como un Kierkegaard infernal, Sanchez ha acabado emplazándolos, por la lógica de sus desmanes, aunque no lo quisiera de ninguna forma, ante la alternativa más elemental. Sostenerlo para que el PSOE sobreviva, ya sin visos de democracia y libertad para España, o echarlo a las fauces de la justicia para salvar al Partido. O dictadores o a disimular en la intemperie.


Pues Felices Navidades.

jueves, 4 de diciembre de 2025

LA TRANSICIÓN, EL" MALAJE" Y EL NIRVANA

 

A partir de la transición los historiadores coincidían en que España es un país normal homologable a cualquier país europeo y que así es también su historia. Pero coincidían sobre todo en la necesidad de divulgar ese mensaje. Como todo país, España tiene sus peculiaridades, vicisitudes y crisis, progresos y retrocesos correspondientes, pero globalmente seríamos homologables a los mejores. Lo único que podía desconcertar era la pasión con la que se denostaba eso de "Spain ist diferent", presunto emblema del franquismo. Chocaba también esta idea con el hecho de que la historiografía antifranquista daba por hecho la anomalía hispana según el guión de la Leyenda negra y la mitificación de la II República, único hito que habría puesto a España en la senda de la modernidad occidental. Es de reseñar en favor de la historiografía proveniente de la transición tanto la neutralidad ante el significado de la II República y la Guerra civil, como la desvinculación del guión de la Leyenda Negra, a la vez que de la patética retórica imperial del primer franquismo. La normalización histórica e historiográfica enfatiza así tanto el valor supremo de la reconciliación nacional, como el consiguiente merecimiento de ser parte de la civilidad democrática.


Para la gran mayoría social la homologación con la Europa moderna y desarrollada premiaba la reconciliación. La europeidad de España y la paz civil fue el vínculo con el que España se separó del franquismo, pero sin traumas ni ajustes de cuentas. Ahora el sanchismo, ¡maldición!, ha destapado señales alarmantes de anomalía y resucita el fantasma de un país condenado a la negrura. Con la particularidad de que ahora es la negrura del alma, el "malaje", y no tanto la reacción ciega a las apreturas materiales y morales que depara la historia.


¿Somos anómalos? ¿Es el sanchismo la versión de la anomalía que haría de España el "fuste torcido" de Occidente, para tiempos de globalización?¿Cómo es posible que ante la monstruosa y desvergonzada exhibición de desprecio al Derecho y la libertad saltándose todas las líneas rojas inimaginables pueda el sanchismo perpetuarse en el poder? El más mínimamente interesado en las cosas públicas supone que un ejemplo de este tipo sería inimaginable en cualquier democracia asentada, sin recibir un merecido castigo.


La pregunta surge de forma natural, pero conlleva una trampa que hay que sortear. El sanchismo es señal de que hay algo anómalo en la raíz de la convivencia política y por extensión en la medula de la sociedad civil. Pero es ficticio que lo anómalo sea el camino emprendido desde la transición, como si la democracia española estuviese cautiva del franquismo. El sanchismo avala esta ficticia anomalía como una profecía autocumplida: una vez provocado el caos y la normalización de la inmoralidad que hace la vida pública irrespirable, una vez provocada la confrontación y el desprecio hacia la política y los políticos, se hace responsable al "sistema". Es lo mismo que cuando se decía que no había terrorismo sino "conflicto".


¿Qué hay de verdad en que "somos anómalos",más allá de esta trampa? La cuestión llevaría demasiado lejos si la ponemos en relación con el ser y el devenir de España, aunque no estaría mal que se explorase esto "sin prisas pero sin pausas". Circunscritos más modestamente al estar actual, es decir al arco que viene de la transición hasta ahora, y retraídos a un simple bosquejo creo que llama la atención tres cosas.


Primero lo agrietado que parece estar el suelo moral común que sustenta todo proyecto colectivo o al menos proyecto de convivencia. Por supuesto que tal suelo sostiene el entramado institucional y la identificación social con la democracia y el derecho. Y tan agrietado parece que no es vana la sospecha de que se tratase de un espejismo contra todas las apariencias.


En segundo lugar la ausencia de personalidad de los políticos, por extensión los aledaños del poder. Es como si el que entra en la política tuviera que abandonar la libertad de expresarse y no menos la libertad de pensar. No parece sólo una molesta coincidencia que triunfe el modelo del aparatchik , extendido a los mediáticos e intelectuales y artistas. En España no se entiende el compromiso político personal sino el compromiso con la representación colectiva institucionalizada de la causa tenida por verdadero. Es un legado que parece indeleble de la forma de entender la relación del hombre con dios y de proveer a su salvación. No menos paradójicamente el socialismo ahora y antes el comunismo son los seguidores más fieles de esta forma de entender la política. Ningún socialista, como antes ningún comunista, duda de que el socialismo es el partido socialista. Para sus adentros como el socialismo es un término sacro, avant la lettre, lo verdaderamente sacro es el partido. Dado además que el modelo del aparatchik en España es un sucedáneo del modelo sacerdotal eclesiástico, que dota sus representantes de una relación especial con la gracia divina, no extraña que el sacerdocio socialista se sienta poseído de un estado de gracia prácticamente invulnerable en el terreno moral e incluso intelectual.


En tercer lugar aparte del credo político la actitud hacia la política es dispar en las sociedades occidentales. En España esta disparidad es extrema. Lo que en Europa es relativamente accidental , un juego episódico con papeles ya escritos, en España es sustancial, el día a día. Por una parte la derecha social, entiéndase la convención, tiende a la indiferencia y al apoliticismo, la izquierda está poseída por una estricta ultrapolitización. La derecha confía en la ley y el orden, la izquierda bien en la ley y el orden alternativo, bien en la alternativa a la ley y al orden. Esto no significa que la gente de derechas no se preocupe por la política y que no se haga una idea, incluso con sobrado celo, pero todo "queda dentro de casa", incluso las redes. La izquierda es fundamentalmente callejera y tiende a preocuparse únicamente de los mensajes y las señales que huelan a convocatoria. Pero aparte de esta diferencias lo anómalo es que estos reflejos están vivos, la forma de entender la política en lugar de dirigirse a una hermenéutica "convergencia de horizontes", se petrifica.


Las razones de tan asimétricas motivaciones deben ser muy profundas, por lo que no es cuestión de meterse en ello. Pero esta diferencia de actitudes ante la política encubre la siguiente paradoja. Que el ultrapoliticismo izquierdista contradice la civilidad política, mientras que el apoliticismo de la derecha respeta esta civilidad. Pues en efecto, el sanchismo ha ejecutado el giro del socialismo hacia el entendimiento totalitario de la política como una guerra entre amigos y enemigos; mientras que los presuntos herederos del franquismo la entienden como la gestión democrática de los asuntos públicos según los principios de libertad e igualdad. Estos a su vez creen en la existencia actual de un bien común que se trata de conservar o mejorar mientras los primeros creen que el bien común, de existir, está por llegar. No tenía porque haber sido así, no esta esta distorsión en el ADN de la socialdemocracia posterior a la IIGM, pero el socialismo español sobrevive como si fuera homologable.


Son vertientes que nos llevan a la historia y la filosofía política como mínimo, pero que presentan una evidente interdependencia. La polarización presente es contra natura, según los parámetros del bienestar social y de las costumbres de la convivencia existentes. La animadversión inducida ha tenido éxito porque había algo latente, pulsiones y reflejos que están a medias de la historia y la psicología. Si en el grueso de la sociedad que comprende a los bloques polarizados hay animadversión se eleva esta sobre un modo de vida y un campo de intereses semejantes según corresponde a lo estructural del bienestar. Que, entonces, media sociedad entienda, en una sociedad abierta, la política como una guerra entre amigos y enemigos, revela la debilidad del suelo moral común, en caso de que este todavía exista. Que este dogma bilioso haya encontrado la coartada de la angustia por la "ultraderecha" para acompañar, sin pesar ni vergüenza y con desapegada complicidad, el proceso a la tiranía liberticida, la "democracia perfecta e inmaculada", cuya llegada bien vale el aquelarre "invisible" de la corrupción y la mentira, indica que en el deterioro del suelo moral cuenta mucho la voluntad de no compartir los valores elementales de la convivencia política. Es decir que todos saben que esa coartada es falsa pero que hay que creerla para que sea verdadera.


El contraste entre esta animadversión y la fundamental similitud de la forma de vida y de posibilidades personales, en parámetros occidentales, obliga a extremar esa animadversión para vivirla con credibilidad. Así la dialéctica entre amigos y enemigos tiene por corolario la dialectica entre fieles y traidores. De la misma forma que la ausencia de una contestación contundente, y no digamos que sacrificada, en las filas liberticidas, evidencia negativamente el valor de la personalidad moral en política. Seguramente ese valor está de capa caída en toda Europa, pero aquí , presos de la dialéctica entre amigos y enemigos, ni está ni se le espera.


Por último la asimetría en las actitudes respecto a la política se traduce en una diferente forma de integrarse en la sociedad civil. La penetración dirigida al control de los nudos por donde discurren los intereses sociales y sus altavoces propia del ultrapoliticismo, se contrapone a la aplicada dedicación a los asuntos propios del personal apolítico en la confianza de que la ley funcione. Se dirá que esta indiferencia no deja de ser el caldo de cultivo de cualquier proyecto totalitario que se precie. Pero esto es equívoco. Fue así en la crisis de los totalitarismos de los años treinta. Nada que ver con la actualidad. Ahora más que indiferencia hacia la política las gentes de derechas carecen de sentido del compromiso personal en una tarea común. Lo fían todo a algo que parece en principio granítico, el funcionamiento institucional.


Visto retroactivamente había buenas dosis de ingenuidad en el diseño y puesta en práctica de la transición, pero esto era inevitable. Máxime cuando esta ingenuidad reproduce la fantasía nacional más elemental, ya acreditada en las Cortes, cuando por ley se decretaba que los españoles serán justos y benéficos. Tal vez la transición tuvo tanto brillo que ocultaba los motivos de perplejidad y preocupación. Desconozco si se ha estudiado o analizado por qué fue tan fácil cuando todo auguraba lo contrario. Veamos algo.


Las ganas de paz venían en gran medida del temor a la repetición de la guerra. Máxime cuando en el ambiente social estaba que se tenía mucho que perder. La expectativa del bienestar no era un mera ilusión, ya se contaba con algo de bienestar. Pero la conexión de la entrada en la sociedad del bienestar y la cultura política colectiva es en esto decisivo. En la Europa occidental el bienestar se forjó asociado a la democracia, en España los signos del bienestar precedieron a la democracia. Esto significa que la transición llegó sin aprendizaje democrático o político, bajo el manto de la atonía política que imponía la dictadura, mientras las democracias europeas fueron acomodando su sensibilidad y educación política al de la conquista del deseado bienestar general. No se valorará lo suficiente en qué medida la creación del Estado de bienestar tras la derrota nazi disuadió de la repetición de los experimentos totalitarios hasta nuestros días, dejando aparte, claro esta, la cuestión del totalitarismo comunista.


La sociedad española no pudo adecuar, por razones obvias, su sensibilidad política a la marcha de los asuntos comunes. La transición fue una zambullida súbita en esa empresa con el hecho notable de que esa zambullida no fuera calamitosa y apenas dio señales de peligro, a diferencia de Portugal por ejemplo. Su transcurso pareció equipararnos con ejemplaridad. Desde luego que cívicamente ¿pero con madurez política? En este caso ni el miedo, ni la improvisación permitían, contra las apariencias iniciales, apariencias legitimadas en lo que tenían de verdadero por la ejemplar resistencia al terrorismo, echar las campanas al vuelo. Por lo crítico del momento el pueblo apostó, como no podía ser de otra forma por su imaginario más elemental. Más bien por las ofertas, que podía intuir representaban lo más evidente de ese imaginario, en la conciencia de que ahora es "lo que tocaba". Desde entonces los bloques sociales de derechas, izquierdas y nacionalistas permanecen casi inmutables al menos cualitativamente.


Pero el imaginario no bastaba para erradicar reflejos funestos. Los más funestos atenazan a la izquierda. La derecha no ha superado su complejo porque, agraviada e indefensa ante la sospecha de ser la heredera del franquismo, se aferra su prejuicio más ingenuo. No entiende la política sino como el amparo de la ley y el orden de lo que ha de ser responsable el Estado.


Pero lo grave es que la izquierda se ha dejado despertar su instinto guerra civilista con toda la parafernalia ideológica que lo acompañó y cebando las nuevas sensibilidades por muy extrañas que sean a la original matriz del discurso revolucionario, la cuestión social. La fortuna y el éxito de ZP y especialmente Sanchez parecen sugerir que las masas vivían en un sueño a la espera del beso rescatador del Príncipe Rojo.


Pero en el fondo este quebranto de los postulados socialdemócratas aquilatadas tras la IIGM, aun en el autoengaño de estar en inequívoca fidelidad a los mismos, indica la dependencia de la sociedad de la calidad y catadura de sus líderes. Sin su autoridad y liderazgo no se puede ajustar algo tan delicado como la sensibilidad política, que incluye tanto el bagaje ideológico y doctrinal como el significado de las experiencias colectivas, y la realidad que se vive. Por desgracia en España parte de esta discordia se concreta en el hegemonismo ideológico de la izquierda y la pasividad ideológica y política de la derecha.


Tenemos en fin que la virtualidad del discurso hegemónico lleva consigo la vigencia de un mundo encantado, en una realidad paralela de la que no se puede escapar civilmente. Los resignados de las circunstancias que no se resignan a desaparecer, conscientes de la fuerza de este encantamiento, sobreviven ejercitándose en el Nirvana político, y a este paso tendremos que practicar el Nirvana civil.

viernes, 28 de noviembre de 2025

DE SAQUEADORES Y TERRAPLANISTAS

 

Respecto a España, donde Zapatero vio un "concepto discutido y discutible", Sanchez, más práctico y sin miramientos ha visto un filón, digno de saqueo para los audaces. Trata de convertir la empresa de la okupación y del saqueo nacional en una epopeya sin precedentes, digna a su vez de encabezar los Anales de la politología y de la Infamia. En esta hazaña este galán ha impartido Cátedra de su habilidad para desprenderse de sus compinches, sin que le toquen un pelo, como si fueran escoria llegada de otro planeta. Pero ha rozado el rizo en su logro más elocuente: la conversión de la masa socialista no sólo en un dechado de obsesos supremacistas, sino también en fervorosos Terraplanistas, para quienes él mismo es el látigo virtuoso contra la mentira y la corrupción. Pero por mucha que sea su credulidad, la zozobra que provoca en estos Terraplanistas de postín la reacción que pudieran tener la pareja de desairados y desesperados compinches del Inmaculado, disuade los ánimos inmediatos de acongojar a la Justicia con demostraciones callejeras, tal como estaba previsto. Daría demasiada vergüenza. El de las muchas virtudes de la Moncloa tendrá que esperar para sus alardes al próximo 8M o al más estratégico y titánico 14 de Abril.

En la otra orilla algunos bordean el Terraplanismo con dispares disonancias. Rajoy invoca, faltaría más, contra el radicalismo de los otros, el "moderantismo" y la sensatez. "No caer en la trampa", experto como es en ello. Pero pudiera reflexionar que una cosa es moderar la moderación, en lo que no incurre don Mariano, y otra muy distinta radicalizar la moderación, su más presumida especialidad. Abascal vuela más hinchado. Los efluvios del Sorpasso deben aturdir a quien los respira. Está a un paso de creer y hacer creer más de la cuenta que "con Sanchez viviremos mejor".


sábado, 22 de noviembre de 2025

EL TRABALENGUAS DE LA "VIRTUD"

 

Uno se siente colmado de Virtud cuando sabe que todos saben que sabe lo que todos saben y no le pasa nada. Se tiene eso por la señal inequívoca del Destino. En el caso de Sanchez es su Destino "salvar al pueblo". Cuando Hitler se libró "de milagro" del atentado de la operación Sigfrido, vio en ello la señal de que era el enviado de la historia para salvar el mundo.

viernes, 21 de noviembre de 2025

EL RUBICÓN SANCHISTA

 

La condena del Fiscal General marca el Rubicón sanchista. Los que se tendrían que enterar, ni se enteran ni se quieren enterar: Sanchez únicamente cifra su legitimidad en la II República y está convencido de que la historia lo ha nombrado su heredero. Basta eso para que se crea con derecho a tener un poder omnímodo. Hizo de la imputación a su fiscal causa belli contra el poder judicial. Era una oportunidad única. De vencer sometía a la justicia sin necesidad de desprenderse de la apariencia de constitucionalidad y de coexistencia con la monarquía, mientras ahoga la Constitución.

No puede resignarse a perder la guerra y tiene que poner toda la carne en el asador. Ahora toca la reflexión del enamorado de su destino. Entretanto no es baladí el alarde de poder mediático y puede volver a hacer alarde de poder callejero. En eso es invencible. Tanto que su influencia mental traspasa la esfera parroquial. Botón de muestra es como Antena 3, en apariencia la única gran cadena independiente, redujo, con Vallés a la cabeza, el episodio judicial a una pieza de la reyerta entre Sanchez y Ayuso de la que, por ahora, sale vencedora Ayuso. Al público le queda que es otro lío entre políticos y que el Black Friday y la Navidad están a la vuelta de la esquina.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

MOMENTOS EN PARALELO DE FRANCO Y DE SANCHEZ

 

La verdad es que en los tiempos agónicos del franquismo no abundaban los propagandistas, ahora llamados activistas, del régimen. Más bien, unos más y otros menos, la mayoría escurría el bulto. Ahora los activistas sanchistas pululan por doquier y salen de las alcantarillas al toque de trompeta. Para su interés personal, Sanchez ha tenido el mérito de cosechar lo más cutre de todo lo sembrado por la izquierda durante decenios en cohabitación con la parsimonia social. A la vista está parece lo que marca la pauta de dicha cosecha. Por muy avinagrada que esté  la hasta lo más tóxico, nada es más a gusto de su máximo beneficiario.

Cuenta el Factotum  con que su fortaleza depende de que siga esta cosecha, y que esta siga empieza por dar espectáculo de una osadía inmune a toda infamia. Más fuerte cuanto más infame y viceversa. En este sentido la determinación sanchista no se agota en el tacticismo, es más firmemente estratégica. 

Y así trata los "accidentes" judiciales. No es banal que con la entrada sostenida en escena de su tropa mediática, ya envuelta en la infamia y lanzada a burlarse de la inteligencia del pueblo, Sanchez a la vez que hace gala de poderío deja la señal que no está, como Franco en la agonía, sino a punto de alcanzar el esplendor. La mitad de la jugada es que esto sea creíble. El resto depende de si esto falla.

lunes, 10 de noviembre de 2025

"YO SIGO... AL BOLIVARIANO MODO"

 Es inimaginable que a estas alturas de la película Sanchez tenga dudas sobre la continuidad del apoyo social que lo ha encaramado al poder. Por ello no puede ser que su motivo se limite a tratar de asegurar la movilización de los que siguen en movimiento. No puede ser una mera coincidencia que se lance con esta desfachatez contra el Derecho y anuncie a la vez que se presentará en el 27. Ambos términos están ligados tácticamente. Advierte que seguirá más allá del 27 y entonces los jueces, de no avenirse, serán tratados definitivamente al bolivariano modo. Seguramente está dispuesto a perpetuarse por las buenas o las malas, pero en la actual tesitura le importa allanar el camino con sentencias favorables, antes de tener que recurrir a la "salvaguardia" del TC. En esa estamos.

domingo, 9 de noviembre de 2025

LA MAGIA Y LA MOCIÓN DE CENSURA

 

Ante el desplante (?) de Junts el gobierno cuenta que "habrá presupuestos" o que "trabaja para ello con la mano tendida". Es claro que sigue mintiendo a sabiendas y en este caso a sabiendas de que todos, excepto posiblemente algunos parroquianos bien enrocados y despistados, sabemos que miente. En principio esto no tendría rentabilidad alguna y es inconcebible que tenga algún interés en persuadir a sus seguidores contumaces, por que a estos ya les importa una higa que mienta mucho o un poco menos. Se ocurren tres explicaciones para este singular evento. La primera es que haya perdido los mandos sobre la maquinaria de la mentira que ha puesto desde el principio en marcha y que esta marche por sí sola y envuelva al sanchismo como un pelele. Otra es que tenga por principio supremo de autoridad que la sistemática de la mentira es indivisible porque de caer una pieza todo el edificio se podría derrumbar. Por último cabe que se haya convencido del poder absoluto de la mentira que crea en los poderes mágicos de semejante práctica. Haber salido inmunes de la responsabilidad culpable del COVID, la DANA, la amnistía, la exculpación de los ERES, la francachela con BILDU y los podemitas, la entrega del Sahara a Marruecos y por ahora de la Macrocorrupción, etc, debe hacer sentir a las huestes sanchistas y a su Jefe invulnerables, igual que las tribus primitivas que se creían protegidas por la magia del Chamán.


Por lo que respecta al asunto de Junts. Pudiera ser que la propuesta de una moción de censura "instrumental" fuera una engañifa más. Por ejemplo que sea un ultimátum con el que amenace en a Sanchez para que este les conceda lo que quieran. Pero si, por lo que sea, va en serio o al menos hay posibilidades de hacer que vaya en serio, no se me ocurren las razones por las que se pudiera rechazar por principio, dejando aparte la lógica desconfianza. El motivo del PP para ello solo puede ser el miedo invencible a que VOX lo sorpase esgrimiendo que esto supone el blanqueamiento del separatismo; por parte de VOX sería precisamente el miedo a perder la oportunidad de tal sorpaso, cuando además se estaría en vía de ello, según creen. Más aún si el PP se apuntara, según como fuera el asunto, el mérito de echar del poder a Sanchez y sus secuaces. En cualquier caso de pesar más estos motivos y cálculos sobre el interés general, habría que pensar que no creen en serie que estamos en un proceso, o más bien en un momento decisivo del proceso, de instauración de una dictadura liberticida sin eufemismos y sin tapujos, por mucho que se haga en las barbas de la U.E. Porque si no fuera por tal candor que llevaría a esperar la caída inevitable de Sanchez y que tiene los días contados, aunque llegue al 27, sería terrible que les resulte indiferente que Sanchez alcance su meta.

POSTDATA 10/11/25

Es inimaginable que a estas alturas de la película Sanchez tenga dudas sobre la continuidad del apoyo social que lo ha encaramado al poder. Por ello no puede ser asegurar la movilización de los que siguen en movimiento el fin de su obscena intromisión en los procesos judiciales de los suyos. No puede ser una mera coincidencia que se lance con esta desfachatez contra el Derecho y anuncie a la vez que se presentará en el 27. Ambos términos están ligados tácticamente. Advierte que seguirá más allá del 27 y entonces los jueces, de no avenirse, serán tratados definitivamente al bolivariano modo. Seguramente está dispuesto a perpetuarse por las buenas o las malas, pero en la actual tesitura le importa allanar el camino con sentencias favorables, antes de tener que recurrir a la "salvaguardia" del TC. En esa estamos.

 

 

jueves, 6 de noviembre de 2025

LA REPÚBLICA DE LOS INCORRUPTIBLES

 

        A nadie se escapa que la mentira contumaz y programada contiene el germen de un proyecto más amplio de inversión de la relación natural con la palabra y con la evidencia, proyecto en suma de sometimiento de la semántica al interés político, en este caso woke o "progresista", de modo que las palabras lleguen incluso a perder su sentido metafórico si este transgrede un canon moral, en realidad sectariamente político. Véase la "regulación" del uso de la palabra "cáncer" o la trivialización de términos como "terrorismo" u "holocausto". O "relato" en lugar de cuento o propaganda descarnada. Es obvio que esto tiene que ver con que en la sociedad mediática de masas el dominio de la semántica es el principal aglutinante estructural. Cuando tal dominio obedece a la mala fe cabe habla de estado de infamia, es decir de sabotaje planificado de lo que se puede decir con sentido.


        No es por dar ideas pero dada la facundia con la que la España liberticida afila su apuesta, bien puede denominarse a la dictadura "popular"que ya más consciente que inconscientemente se promueve, la República de los Incorruptibles. No puede caber mucha duda de que la base social "progre" y anticonstitucional daría a mucha honra su conformidad, tanto a ese Régimen como a este calificativo. No en vano sienten, contra viento y marea, el orgullo de que la historia les ha otorgado en exclusiva la credencial de ser el flagelo de la corrupción, esa poza séptico en la que se revuelcan "los ricos". Comparado con esto, lo que a la vista de todos está son, desde esa óptica, vanos intentos de marear la perdiz por los condenados a la perdición.


        De esta manera se cumplirían dos expectativas. Culminar el estado de infamia, pero además, lo más importante: asentar el proyecto liberticida en la más genuina tradición. ¿Cabe mayor honor que emparentar un régimen que cancela toda oposición a la "virtud" revolucionaria con su modelo histórico más auténtico? ¿qué mayor gloria que el jefe de los "Incorruptibles" entronque con el Incorruptible más primigenio, que estaba a la cabeza del Comité de Salud Pública? Con tanto y virtuoso Pedigrí las bases tendrán el subidón que esperan con tanto anhelo.


martes, 4 de noviembre de 2025

METAFÍSICA Y TOTALITARISMO

 

Son ideas metafísicas las ideas límites sobre la condición humana que se pretenden eternas y dan cobertura a los espectros ideológicos con vocación histórica. No se repara en el alcance de las ideas metafísicas, reducidas como están a meros ideologemas. Así quienes quieren guiar la historia con determinadas ideologías no son conscientes del termino final al que conduce esa ideología cuando se debe a determinadas ideas metafísicas que a su vez quedan desconocidas en su contenido y en su poder

Así por ejemplo Heidegger fue coherente cuando se integró en el nazismo obedeciendo a su idea metafísica, fundamental en su filosofía por aquella época, idea que sólo modificó en su forma pero no en su significado posteriormente a la derrota nazi. Pensaba según esto que la tecnociencia, o mejor el imperio universal de la tecnociencia, además de ser imprescindible en el estadio definitivo de la humanidad, tenía un potencial deshumanizador del que el hombre no podía ser consciente con carácter general. Suponía un despojamiento del nexo con el ser que sólo podía detenerse mediante un poder mundial superior que neutralizase la tendencia humana a la división y al subjetivismo. 

Con independencia de su ideología racista, que para Heidegger era seguramente algo políticamente instrumental, el nazismo prometía un sistema totalitario universal que, por su fuerza, determinación y eficacia, podía controlar el proceso tecnocientífico y con el ello el destino de la humanidad. Posibilitando en suma su idea metafísica nuclear: la reconciliación humana con el ser. Reducida la dimensión ética de lo humano a esta reconciliación prístina, la erradicación de la eticidad real, la erradicación de la conciencia moral y con ello la preeminencia de la libertad interior y exterior, resultaba algo accidental a lo que Heidegger no prestó atención alguna. 

En el tiempo actual la idea metafísica de la reconciliación del hombre con el ser retorna bajo la sensación universal de que entramos y vamos a estar indefinidamente en el proceso que conduce al fin del mundo. Esto otorga a la política ecologista una influencia ideológica privilegiada, pero, en la misma medida, la falta de comprensión crítica de sus límites la aboca a repetir el experimento heideggeriano. 

Tarde o temprano cuanto más cunda la aprensión por la desaparición del planeta y más se entregue este movimiento, en principio romántico. a la exigencia de un remedio definitivo, en mayor medida verá con agrado las soluciones más expeditivas e ilusamente definitivas, de la misma forma que cuando el socialismo reclamó la solución total para el logro la igualdad socia mediante la dictadura del proletariado. Una vez la pretensión de realizar las ideas metafísicas en medio de la historia, de crear adánicamente el mundo, dado ya por interpretado y comprendido, se torna en determinación incondicional, es decir en fanatismo, valen todos los medios y no se hace cuestión de la moralidad de los mismos. Nace el monstruo totalitario.

domingo, 26 de octubre de 2025

EL NEGOCIO DE LA INFAMIA (SERIE)

 

* Sanchez está llevando al límite el principio de la tiranía según el cual esta se torna irreversible una vez llegado el momento en que la sociedad está dispuesta a soportarla para no afrontar la vergüenza de tener que explicar y explicarse como la ha permitido. "¿Soy yo el infame o sois vosotros que me consentís?" 

*El macarra se burla con risotadas, el pánfilo hace risitas de esas risotadas. 

*El macarra marca el paisaje del que quiere ser la figura, el pánfilo se retira hacia las sombras del paisaje. 

*Con el macarra a la cabeza la República llegará para troncharse. 

 

 

lunes, 20 de octubre de 2025

LA CORRUPCIÓN ENTRE LA CELEBRACIÓN Y EL PASMO

 

La hipocresía moral protestante del Norte se ha demostrado más eficaz a efectos de producir sociedad civil que la flexibilidad moral católica, cuyo referente doctrinal más notorio es el viejo casuismo jesuítico. Esto es claro en España y la Hispanidad y pudiera serlo en Italia. El puritanismo protestante no permite la inmoralidad pública porque quien la práctica se señala como detestado por Dios. De esta manera en el inconsciente colectivo de los pueblos del Norte rige la idea de que el juicio del público expresa el juicio de Dios. A Dios sólo preocupa en vistas a la salvación del alma el ejemplo público y por ello no ser motivo de escándalo. Por eso a efectos morales la inmoralidad privada es intrascendente siempre que no deje rastros visibles.


El catolicismo por el contrario piensa que la debilidad humana es integral y que no hay solución de continuidad entre lo público y lo privado. Respecto a lo uno y lo otro todo es admisible si se demuestra contrición en la confesión, trámite que comprende por igual lo público y lo privado. El juicio sobre la moralidad personal se dirime entre el alma y Dios por intermedio de la Iglesia, siendo una cuestión que, aunque cuente a efectos de la opinión pública, se da por supuesto que "todos somos pecadores" y que en lo público solo se dilucida como debe ser el mundo, sean como sea las personas y su ejemplaridad.


Desde que la mediación de la Iglesia ha perdido vigencia y con ello la contrición y la confesión, los herederos ctónicos del igualitarismo social católico, es decir el socialismo en sentido amplio, ven en la corrupción un atributo consustancial al capitalismo, y en la corrupción socialista todo lo más una muestra de la debilidad humana con la que el socialismo, y sólo el, podrá acabar. Que esa muestra de debilidad humana se de en el socialismo o incluso lo impregne sistémicamente, es intrascendente sino obstaculiza el progreso hacia un mundo mejor, es decir si no da pié a una reacción tal que frene el logro de ese mundo mejor.


La parte consecuente del viejo catolicismo, es decir fiel a la doctrina, que suele coincidir con la sociedad conservadora, más que liberal, la única todavía constitucionalista, deplora la corrupción, en general venga de donde venga, y más la hipocresía con que se ampara, pero se resigna a sufrirla como si fuera una maldición proveniente del pecado original. El alarde "progresista" por la corrupción de los suyos deja a la derecha pasmada. En el fondo está pasmada desde el 11M. Es inconcebible que el mal campe a sus anchas y prospere sin freno en abierto desafío al status quo que rige los países civilizados, a los que España se incorporó en la Transición.


El problema es que la derecha no ha encabezado la constitución de una sociedad civil y la izquierda hace las veces de una sociedad civil y actúa como sociedad incivil. En las sociedades abiertas la sociedad civil se ha ido constituyendo sobre el manto de que el egoísmo natural del ser humano se puede reconducir con beneficio mutuo y para todos. Es un mecanismo complejo en lo institucional y lo moral basado en la claridad de los límites, lo cual atañe a la ley escrita pero más a la no escrita. El individuo entiende así su vida como parte de una sociedad civil, terreno en que se juega su interés y sus derechos. Es sólo un modelo ideal, pero nos resulta extraño por hipócrita.


Aquí la derecha conservadora, la sociedad que cree en "la ley y el orden" lo fía todo a la ley y el orden como si esto tuviera poderes taumatúrgicos. Es una inercia histórica casi de siglos que ha conformado un perfil social de paciencia y resistencia a toda costa, con la fe de que las cosas tarde o temprano se pondrán en su sitio. Se creyó que la Iglesia y en el Estado burocrático tenían el bálsamo para solucionar los asuntos públicos. Ahora el bálsamo es ser buen ciudadano, pero eso por sí solo no hace sociedad civil ni puede con la sociedad incivil.


martes, 14 de octubre de 2025

SOBRE EL ANTISEMITISMO NEOCOMUNISTA Y SUS RAÍCES

 

¿Queda algo del antisemitismo histórico en el actual antisemitismo neocomunista? El antisemitismo es el sistema de odio más recurrente de la historia de Occidente y se ha renovado en los grandes períodos históricos. De origen religioso, cuando la religión vertebraba el orden moral cultural y político, se ha desparramado este odio enquistado en todos los ordenes pero especialmente en el político. En cualquier circunstancia ha sido el chivo expiatorio cuando se necesitaba tal figura.


Desde la diáspora la existencia del pueblo judío se ha situado sin pretenderlo en la falla del sistema imperante. Se impuso en la cristiandad que la misma existencia del pueblo judío significaba una blasfemia contra la divinidad de Cristo y la misión evangélica del cristianismo. A diferencia del Islam, que podía pasar por una desviación maligna, el pueblo judío era para el cristianismo un pueblo traidor. Sobre este subsuelo de superstición y dogmatismo se elevó la motivación que justificaba la persecución de los judíos según las conveniencias y las disputas políticas y religiosas. Como al mismo tiempo los judíos por su iniciativa y sentido de la supervivencia prosperaron hasta ser cruciales para la marcha de la hacienda de los reinos cristianos, fueron fácil pasto de la animadversión popular.


La constitución de los Estados nación en el XIX trajo consigo también la renovación del antijudaísmo original. Una vez que, dejando atrás las motivaciones universalistas, los grandes Estados Nación europeos, cifraron su identidad en la homogeneidad étnica y cultural, se tuvo a los judíos por un disolvente de la unidad nacional y una sanguijuela extractora en lo económico. Carlos Marx se deslindó de la visión burguesa antisemita que ya se removía en Francia, Alemania o el el mismo Imperio Austrohúngaro y en los pueblos eslavos, a la vez que rehuyó afrontar en serio la cuestión judía. Ante este antisemitismo burgués insinuó un antisemitismo socialista que no pasaría sin consecuencias. Sería el antisemitismo burgués una manifestación de las contradicciones interburguesas y tendría su solución en el avance hacia el comunismo, cuando ya no tendría sentido la religión. De forma ambigua descartó que la tolerancia y la libertad civil resolviera la cuestión judía, haciendo hincapié en que la alienación religiosa no se disiparía con las libertades "convencionales". La causa de la emancipación política civil judía era una baza para el proceso revolucionario, pero a su vez esto requería que los judíos rompieran sus lazos con el capitalismo, en especial su dedicación a la "usura".


Este tema retornará crudamente cuando las clases medias de las grandes potencias nacionales sientan su prosperidad amenazada. Fue un estimulante de la ofuscación imperialista que sacudió a las grandes potencias europeas en el último tercio del XIX. Aunque las élites del socialismo estaban atentas a la cuestión judía y coincidieron en lo esencial con la posición de Marx, el antisemitismo no afectó al núcleo del movimiento socialista ni de las motivaciones de las clases trabajadoras que se pretendían contrarias a la dinámica imperialista.


Casi todo está escrito sobre los intereses y delirios que hicieron del exterminio de la raza judía el santo y seña de la propaganda y la política monstruosa del totalitarismo nazi y de como esto galvanizó el antisemitismo latente. ¿Hasta qué punto sólo era el antisemitismo una forma de arrastrar al pueblo, es decir de convertir al pueblo en populacho, o la cuestión judía afectaba a la esencia del totalitarismo, en este caso nazi? Fue el caso que hasta la ofensiva propagandista y terrorista nazi la gran mayoría del pueblo alemán apenas sentía preocupaciones antisemitas, lo que contrasta con lo fácilmente que fue arrastrado el pueblo alemán. A gran escala se reprodujo el fenómeno que llevó a la alcaldía de Viena al demagogo antisemita Karl Lueger, o a desgarrar Francia con el caso Dreyfuss, a fines del XIX.


Si por una parte el éxito de la propaganda y el terror antijudío indica la latencia del antisemitismo original, y la responsabilidad de las Iglesias cristianas en la conservación de la llama, por otra parte lo cenital de la cuestión judía para el totalitarismo racista da a entender motivaciones profundas. Se puede establecer un paralelismo con el antisemitismo cristiano original que consideraba, como se ha indicado, la misma existencia del judaísmo incompatible con la existencia del cristianismo. Este nicho existencial no deja de ocuparlo el proyecto totalitario racista, como si la existencia de Alemania fuera incompatible con la existencia del pueblo judío. Más allá de la superchería, lo trágico fue que así se llegó a creer sinceramente.A ello llevaba la manipulación nazi de los secretos más profundos que la historia no ha curado.


Porque el nazismo veía en el judaísmo no sólo una amenaza con la existencia de Alemania sino con el destino universal de Alemania, la Alemania que debía conducir a la "nueva humanidad". ¿Como es posible que la existencia de un pueblo cuantitativamente insignificante y bastante integrado en las grandes culturas nacionales modernas supusiera un peligro para el ideal nazi de la jerarquización racial del mundo? Por supuesto este proyecto sobrepasaba la integral homogeneización racial de Alemania. La jerarquización racial era el medio y el fin del Imperio totalitario del Hombre Nuevo. En la cuestión de fondo tenemos que la existencia del judaísmo significaba por sí misma la denuncia del Estado Totalitario en su condición más intima. Al exterminar al pueblo judío el nazismo asumía orgullosamente su monstruoso totalitarismo. Asumía que este desafiaba el fundamento de la dignidad humana. Por encima de la jerarquización racial y como condición de ella figuraba la erradicación de la conciencia moral y del sentido de la libertad personal que define la dignidad humana. Que cada hombre sea un medio para los fines del Estado resultaba para el Nazismo incompatible con la existencia del judaísmo, del pueblo que fundó en la conciencia moral la dignidad humana.


¿Por qué no procedió de la misma forma contra el cristianismo? Naturalmente no existe la raza cristiana y eso es esencial. Para el biologismo racista los lazos de sangre son esenciales para el contenido y la fe en las ideas. Pero por otra parte la existencia del cristianismo no constituía un peligro ideológico si se orientaba en favor del totalitarismo racista la animadversión potencial antisemita del cristianismo. Lo que así ocurrió en Alemania o Francia con la inestimable colaboración por acción u omisión de la jerarquía eclesial. Fue relativamente sencillo atraerse o neutralizar a las masas católicas conservadoras, habida cuenta de que el compromiso evangélico en favor de la dignidad de la persona había quedado olvidado ante la necesidad de asegurar la institucionalidad de la Iglesia en las sociedades seculares.


Paradójicamente la mala conciencia que produjo en Occidente y especialmente en Alemania el Holocausto se disipó en la izquierda intelectual, al menos la de mayor ascendencia y vocación política. T. Adorno, ciertamente, enfatizó la requisitoria moral "no es posible hacer filosofía después del Holocausto", con la que invocaba el colapso emocional que impedía pensar con rigor y objetividad. Pero fue precisamente la nueva izquierda quien menos sufrió ese colapso desde el momento que renovó el ataque del capitalismo con la crítica al Estado del bienestar. Hay una disolución del significado totalitario del nazismo en el totum revolutum de la maldad intrínseca del capitalismo, aunque la doctrina de la explotación cediese su lugar a la denuncia de la alienación y la de la lucha de clases como motor de la historia dejase su puesto a la lucha antiimperialista y contra el sistema. Horkheimer llevó al extremo la igualación de capitalismo liberal y nazismo al hacer del proyecto ilustrado "subjetivista" la raíz común de estos sistemas.


Es obvio que al devaluarse el proyecto comunista como alternativa económico social, y no digamos que humanitaria, al capitalismo y la Estado del bienestar, el comunismo se ha renovado en neocomunismo al especializarse en la manipulación de cualquier posible motivo de malestar "venga de donde venga y sea el que sea", con tal que quede bajo su batuta. Todas las causas son causas kleenex a la espera de los réditos que comporte. Según le vaya a la causa palestina le puede esperar lo mismo lo mismo que la, hasta hace dos años, sagrada causa saharaui. Lo único sagrado para el malestar revolucionario de Occidente es el antioccidentalismo. Hay causas muy profundas en las que no cabe en este trabajo detenerse, pero es obvio que Israel se ha convertido en el símbolo de Occidente, tanto más cuanto menos puede admitir su existencia el irredentismo islamista.


En principio el antisemitismo occidental parece extraño al antisemitismo religioso original e incluso a su metamorfosis nacionalista y totalitaria. Por debajo del mismo puede estar la indiferencia de la izquierda ante el significado moral del Holocausto, en lo que este significaba de símbolo de la erradicación de la libertad y la conciencia ética; también tenemos el contagio oportunista del antisemitismo islamista; no menos la potencia mediática con la que la tragedia de Palestina conmueve los corazones del acomodado Occidente, resucitando la mala conciencia por los sufrimientos que Occidente infringió a los pueblos del tercer y que según la propaganda "progresista" son la causa del bienestar occidental. Sin embargo no es banal que el antisemitismo no ha sido un fenómeno masivo en la mayoría de Occidente desde la II GM, mientras que se ha ido asentando en las élites intelectuales y universitarias, así como en todas las extensiones activistas.


Mientras en las clases populares, al menos en España, la simpatía mayoritaria por el pueblo palestino no mueve a un antipatía proporcional contra Israel, las élites neocomunistas y su partidos y terminales hacen gala de un antisemitismo implacable. ¿Hasta que punto mueve a ello el humanitarismo por el sufrimiento palestino? ¿Hasta que punto hay una propensión antisemita que ha salido a luz por la ocasión que ha deparado la guerra contra Hamás e Irán?


Aunque sinceramente en muchos hubiera una disposición humanitaria, está fuera de toda duda que el antioccidentalismo es el leit motiv insobornable del neocomunismo occidental y que sólo en base a esta propensión se despierta selectivamente la solidaridad humanitaria. Sobrarían ejemplos clamorosos de causas bien dolorosas, que merecen esta preocupación en vano, Sahara, Venezuela, Ucrania, los masacrados por Hamás... La simpatía popular por la población y el éxito en la propaganda mediática llevan al convencimiento de que la causa palestina es la suya, la de las élites supremacistas, y que eso conlleva la causa por la desaparición de Israel. Como ocurre repetidamente en la historia lo oportuno puede tornarse materia de fe, y en este caso la fe en la causa antisemita ya es estructural. El wokismo ha invertido el grueso de su capital y crédito propagandístico en esta causa como para no creer en ella.


Consumiéndose en este palestinismo sobrevenido ¿es su corolario antisemita un reflejo complementario que daría sentido a esa supuesta convicción o renueva el antisemitismo del que se hace gala un reflejo ancestral que perdura como una maldición cualesquiera que sean los cambios históricos? En favor de esto segundo tenemos la presteza con la que esta inquina se ha destapado. Pero este reflejo aunque tuviera su origen en la cuestión religiosa excede a esta de tal manera que tal contenido, fuera del ámbito islamista, ya es irrelevante. De la misma forma ya es también irrelevante la contaminación nacionalista que desembocó en el Holocausto. Sólo parece motivar ese reflejo la cuestión económica. Pero la solidez del Estado del bienestar convierte en una excentricidad la condena cristiano pobrista de la "usura". Así al menos para el pueblo, ¿pero también para las vanguardias activistas que se sienten representantes del pueblo en nombre de la historia? Seguramente en este fondo, por muy traído por los pelos que esté, se bucea para revitalizar el resentimiento secular que mueve los instintos iliberales.


La denominada cuestión judía puso a prueba el valor de la tolerancia y fue clave en la promoción de tal valor en la Ilustración, tanto dentro como fuera del judaísmo. La existencia de Israel fue en gran parte mérito del espíritu de tolerancia. La condena del derecho a la existencia de Israel culmina simbólica y prácticamente el ascenso de la intolerancia que se ha consagrado en el siglo XXI. La novedad de hacer de la historia el terreno de juego en el que se dilucida el triunfo de la intolerancia en nombre de la virtud ha hecho inevitable que esto acabará poniendo en el centro de la diana a Israel. ¿Acaso se entiende Occidente y la humanidad al margen del judaísmo?




domingo, 5 de octubre de 2025

LOS TIEMPOS DE SANCHEZ

Lo único claro del mandato de Sanchez es que este ha unido su destino y sus negocios a la cancelación de la democracia, cualquiera que sea la forma que tome la alternativa dictatorial. Su mayor éxito es haber conformado un bloque "político social" comprometido con ello, "cueste lo que cueste". Cabe que Sanchez sólo sea el "mascarón de proa" de ese engendro o lo maneje con puño de hierro. Hay muchas variantes posibles entre ambos extremos. Pero esa maquinaria está en marcha de la peor manera posible: convencida de que "podemos" y de que "no cabe otra". 

 

En la lógica del proceso se ha interpuesto un actor inesperado, la justicia. La soberbia sanchista no contaba con ello una vez que tenía garantizada la impunidad y el derecho a "la pernada" por parte de su partido y sus socios, así como del aval de los canales de manipulación de la opinión pública, convertidos en la expresión pública de la legitimidad del bloque de poder, y de las radiaciones de la maquinaria del Estado. La "intromisión" de la justicia no puede ser interpretada desde esa acera mas que como una "conspiración facha". Pero ese "diagnóstico" sólo revela que para ese bloque todo se mide en términos de la realización del proceso y que ese proceso lo justifica todo, por supuesto la mentira, la hipocresía y la corrupción sistémica.


No es posible saber cual podría ser la evolución de ese proceso de no haber estallado toda la corrupción, y de haber merecido la atención de la justicia. Las negociaciones con Bildu y Puigdemont sólo sugieren un apunte de lo que está por cerrar. Menos es posible conjeturar, con un mínimo de verosimilitud, de qué forma pueden neutralizarse las peores consecuencias y salir indemnes si el cabecilla tuviera que rendir cuentas personalmente y no por avatares interpuestos.


Dado que, en el peor de los casos, ante el mismo socialismo se abre la sombra de su desaparición, cosa inimaginable hasta ahora, es claro que hemos entrado en el escenario más crítico, el escenario del todo o nada. Por el momento ya es bastante que incluso esa posibilidad aparezca en el horizonte y sería muy extraño que no afectara a las mismas bases, bien para extremarlas hasta el delirio o para desmoralizarlas.


¿Qué tiempo le queda entonces a Sanchez? Por ahora tiene que hacer tiempo a la espera de que sus opciones se vayan esclareciendo. Cosa novedosa también para quien sólo funciona dominando los tiempos bajo la premisa de que sólo él mismo los marca. Según las pautas que destacan los analistas estamos ante tres posibilidades. Primero resistir hasta las próximas elecciones fiándolo todo a ganarlas, segundo resistir solidificando el actual bloque del poder para, de perder las elecciones y no pudiendo gobernar, asegurar una reacción contundente que relance definitivamente el proceso cancelador. En tercer lugar forzar un golpe de mano "constituyente" preelectoral o como programa electoral.


Es evidente que son escenarios volátiles y en gran parte intercambiables, con lo que el hecho de que ninguno ofrezca certeza, igual que agita los nervios provoca en todos los concernidos la tentación de aprovechar para su parte la oportunidad que se ofrece, según la lógica del "ahora o nunca".


El primer escenario parece paupérrimo. Sólo con un pucherazo a lo Maduro o con una intervención intempestiva del TC podría salir algo adelante. Pero estaría en manos de la suerte y es dudoso que sus socios más interesados se la jueguen con él algo tan improbable si han llegado tan lejos.


El segundo escenario es el más verosímil. Pero depende de dos factores imprevisibles. El primero es la fortaleza del fervor socialista, su disposición combativa y callejera. El triunfo y los posteriores gobiernos de Aznar dejó anonadadas a las masas socialistas hasta el Prestige e Irak. Mentalizados desde entonces de que la consecuencia de la derrota puede ser la desaparición, tienen que asimilar que la derrota electoral, además de "una injusticia", es una oportunidad catártica, según por ejemplo enseño Zapatero y remedó luego Sanchez. Igualmente imprevisible es la capacidad de los líderes de la derecha de conjuntarse y de avergonzar a las masas socialistas por sus líderes. Para avanzar en su proceso el socialismo requiere un liderazgo convincente que, de seguir siéndolo Sanchez, tendría que lidiar con la carga de la vergüenza a poco hábiles y responsables que fueran los líderes de la derecha. Si cede la columna vertebral del pacto anticonstitucional, es decir el socialismo, ¿Sería suficiente la movilización del separatismo catalán y vasco, sumado a ello la ultraizquierda, para revertir el futuro gobierno constitucional y esperemos que constitucionalista?


El tercer escenario sería un órdago cuando sólo queda una carta. Tendría Don Felpie que cometer alguna torpeza o algún desliz, que justificara, ante los socialsanchistas y una parte de la población constitucionalista, la necesidad de un referéndum entre monarquía y república. Pero tendría que ser un desliz de tal magnitud que compensase ante la opinión pública la degradación del sanchismo. Algo así, de darse, sería el colmo del absurdo, vistas las circunstancias.


Si todo es volátil objetivamente, ya la personalidad del personaje que anda por medio convierte lo volátil en caótico. Sólo parece evidente que su preocupación obsesiva concreta, la que no maneja con fines instrumentales, es la familia inmediata. Tal vez en ningún manual de historia aparezca este factor como una categoría política decisiva tan contundentemente. Que esto sea posible en una sociedad moderna y tan rica en historia, y por tanto en intuición política, como España, da mucho que pensar sobre los jirones morales de nuestra convivencia. ¿En eso confía Sanchez?